Los vestidos de novia de la Casa de Alba que han pasado a la historia

Repasamos los diseños nupciales más icónicos que han marcado las últimas décadas del Ducado

Hoy se celebra una de las bodas aristocráticas más esperadas del año en nuestro país. Fernando Fitz-James Stuart y Solís contraerá matrimonio con Sofía Palazuelo, que entrará a formar parte de la histórica Casa de Alba. La futura duquesa de Huéscar ha confiado en las cercanas manos de su tía Teresa Palazuelo, una diseñadora nupcial de renombre en la escena madrileña, para hacer realidad su vestido de novia. Aunque su secreto mejor guardado aún continúa siendo un misterio, sí se puede indagar en el legado contemporáneo de este Ducado, que no solo ha sido protagonista de las bodas más sonadas de la alta aristocracia española en el último siglo, sino que nos han brindado imágenes de unos vestidos de novia que han pasado a la historia.

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Todo comienza con el enlace de la cabeza de familia, Cayetana Fitz-James Stuart y de Silva, Duquesa de Montoro, con Luis Martínez de Irujo y Artazcoz, un ingeniero de origen noble -hijo del Duque de Sotomayor-, pero sin título. Corría el año 1947 cuando el altar mayor de la Catedral de Sevilla, generalmente utilizado para bodas reales, se reservó para la aristocracia en aquel día de la Hispanidad. Cuando en aquellos tiempos eran habituales los matrimonios de conveniencia, ellos se casaron por amor en una boda por todo lo alto y con repercusión a nivel mundial.

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Para la historia quedó su exquisito traje nupcial de la reconocida diseñadora española Flora Villarreal, cuyas creaciones más destacadas se conservan en algunas de las colecciones del Museo de Traje en Madrid. Fue una modista que tuvo su atelier en el madrileño Paseo de la Castellana y que ganó prestigio entre la clase pudiente por traer desde París los derechos de los patrones de ropa de los grandes diseñadores, una práctica bastante habitual en aquella época. No solo se encargaba de replicar estos modelos a un precio más económico, sino que creaba sus propios diseños inspirados en Christian Dior y los vendía por cifras similares a las que se estilaban en la Alta Costura.

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El que ideó para doña Cayetana fue un vestido hecho a medida de raso natural blanco con encaje antiguo y velo de tul, que estaba inspirado en la novedosa silueta New Look que el maestro Dior estaba presentando por aquel entonces en París. Las sedas, las gasas y el encaje Duquesa de Bruselas (un trabajo en el que se mezcla el encaje de bolillos con el encaje de aguja) eran materiales de primera calidad y su estilismo fue replicado por muchas novias de la época. Completó su vestido nupcial con la preciada tiara de perlas y brillantes de Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia por su matrimonio con Napoleón III, la misma con la que se habían casado las anteriores duquesas de Alba y con la que coronó uno de los días más importantes de su vida. 

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Precisamente, esta fue la tiara elegida por su única hija, Eugenia Martinez de Irujo, en el día en que la estirpe torera y la aristocracia se unieron gracias a su boda con Francisco Rivera Ordóñez, el primogénito del torero Francisco Rivera (Paquirri) y Carmina Ordóñez. Fue un 23 de octubre de 1998 cuando la duquesa de Montoro salió del Palacio de Dueñas del brazo de su hermano, Cayetano Martínez de Irujo, camino del altar de la Catedral de Sevilla. La menor de los seis hermanos eligió a Emanuel Ungaro para crear este vestido de escote cuadrado, confeccionado en raso duquesa de color marfil. Llevaba un galón bordado en hilo de seda con perlas que ribeteaba el escote, los hombros y los costados, y un antiguo velo de encaje trabajado, también en color marfil.

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Para hacer un recorrido por el resto de vestidos de novia que se han visto en la Casa de Alba en las últimas décadas, hay que remontarse a las bodas de los 5 hijos varones de Cayetana Fitz-James Stuart y a los recientes enlaces de sus nietos, siendo Fernando Fitz-James Stuart el último que decide pasar por el altar. El 18 de junio de 1988 se casó su padre Carlos Fitz-James Stuart, el primogénito de la duquesa de Alba, con Matilde Solís-Beaumont y Martínez de Campos, hija de los marqueses de Motilla. Él lucía el uniforme de Maestrante de Caballería y Matilde, un radiante vestido de manga francesa y corte princesa confeccionado con setenta metros de seda natural traída desde la India. Coronaba su estilismo con una preciada joya de la Casa de Alba: la imponente tiara rusa con la que seguro no veremos hoy a Sofía Palazuelo, ya que la propia Cayetana la vendió hace unos años.

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