Todo lo que deberías saber de los anillos de compromiso

El primer solitario se diseñó en 1886 y, a día de hoy, se ha convertido en el más solicitado

¿Cuántas veces crees que mira una mujer, a lo largo de su vida, su anillo de compromiso? Según un estudio elaborado por la firma de joyería Tiffany & Co. alrededor de un millón de veces, algo más que la cara de sus hijos. Un motivo más que suficiente para que la elección sea meditada y, ante la duda, se opte por un diseño clásico y atemporal. Cuando hablamos de ese tipo de anillo, lo normal es imaginar un solitario, en el que el diamante está separado del propio anillo y no incrustado en su interior. Un diseño que data de 1886 y que, a día de hoy, se ha convertido en el más solicitado.

Charles Lewis Tiffany, fundador de la célebre casa de joyería, tuvo la ocurrencia de levantar un único diamante sobre el resto de la estructura, permitiendo que la luz entrara en la piedra y logrando un resultado mucho más elegante, sofisticado y original. Creó el Tiffany Setting, un anillo que pronto se convertiría en sinónimo de amor y sería el origen de los más de quince modelos de anillos de compromiso que tiene la firma.

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Conscientes de que la pieza debe durar toda la vida en perfectas condiciones, como el amor del que son testigos, los anillos se tallan y pulen a mano, en una especie de ritual que ya se seguía, hace más de 130 años, en Nueva York. Este proceso dura cerca de un año desde que el diamante es seleccionado hasta que se termina el producto.

Pero quizá es todo el simbolismo que encierra el anillo el que convierte a esta pieza en una de las que, aparte de más miradas, es la que mayores efectos físicos evidentes provoca. Cada vez que una mujer ve una cajita de joyería que puede contener un anillo sus pupilas se dilatan, su pulso se acelera y libera casi las mismas endorfinas que durante un beso apasionado.

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