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Josefine Molina, Goya de Honor 2012: 'A una edad y con una trayectoria, es más difícil transigir'

Josefine Molina, Goya de Honor 2012: 'A una edad y con una trayectoria, es más difícil transigir'

Josefina Molina se ha convertido en la primera directora en contar con el Goya de Honor de la Academia de Cine, un premio que recibe con "un sentido de la responsabilidad muy grande" y que aprovecha para seguir luchando por la igualdad. "A una edad y con una trayectoria, es más difícil transigir", asegura. Molina (Córdoba 1936) recibió la llamada del presidente de la Academia, Enrique González Macho, cuando estaba haciendo pilates en la alfombra de su casa, cuidando una lumbalgia. "Te entra un poco de pánico primero, luego piensas en qué te vas a poner y luego te vas tranquilizando un poco. Trabajo con la Asociación de Mujeres Cineastas (CIMA) por la visibilidad de las mujeres, así que no puedo escaquearme", explica en una entrevista con Efe. Nominada al Goya por Esquilache, con la que compitió por el Oso de Oro en Berlín, y directora también de títulos populares como La Lola se va a los puertos, Molina fue la primera mujer que consiguió el título de dirección en la Escuela Oficial de Cinematografía de Madrid, y recibió el diploma de manos del fallecido Manuel Fraga, en aquella época ministro de Información y Turismo. "Entonces la cultura era patrimonio de unos pocos y había que aproximar otras culturas a la mayoría de los españoles. Me planteaba hacer entre un cine de autor o elegir textos que eran importantes para la humanidad", y es por eso que, bien en cine o en televisión, acabó trabajando con "los mejores guionistas: Ibsen, Shakespeare, Lope de Vega...", apunta. Por eso, entre otros motivos, Molina, que recibirá el galardón el 19 de febrero, siente que, por encima de su trayectoria, su premio hace justicia con toda una generación de mujeres que tuvieron que abrir camino. "Soy una representante de unas generaciones que han aportado al cine mucho trabajo, mucho esfuerzo. Y por la razón que sea no se han visto reconocidas. Y en toda mi obra siempre hay una mujer que lucha por la libre iniciativa, quizá porque yo también tuve que luchar simplemente por hacer un trabajo que me gustaba", afirma. Rafaela Aparicio e Imperio Argentina son las otras dos mujeres que recibieron el Goya de Honor, y Molina, aunque dejó la realización en 1998, no abandona su lucha por la normalización de la mujer en el cine. "En cierta medida, esperaba más (de la situación de la mujer en 2012). Pero por otro lado se ha dado un paso de gigante. Desde la República hasta los ochenta fuimos diez mujeres directoras. De repente en el año 89 se incorporaron 30 jóvenes con mucho talento y que han hecho cine muy interesante", recuerda. "El mundo no puede seguir siendo tan inhóspito y tan desigual. Si se quiere ver en relieve hay que ver con dos ojos: con el del hombre y con el de la mujer", reivindica. Desde la miniserie para televisión "Entre naranjos" no ha vuelto a ponerse detrás de una cámara. "Llegó un momento en el que el tipo de cine que querían los productores era mucho mas ligero, más mimético con el cine americano. Ya no transigía con hacer las cosas en poco tiempo y menos medios", dice. Siendo su título más reconocido Esquilache, protagonizada por Fernando Fernán Gómez y en la que se recrea una revolución popular del siglo XVIII contra las leyes del marqués del mismo nombre del título, lamenta que ahora el "cine político ya no se lleva", ni siquiera cuando, dice, "estamos viviendo lo que se llama crisis y es un momento de cambio sustancial". Pero ella ha renunciado a seguir alzando su voz a través de las imágenes. "Las mujeres que trabajábamos teníamos una doble labor, porque seguíamos ocupándonos de la casa. Al dejar de hacer cine y televisión comencé a vivir", precisa. "Tenía muchos sitios adonde ir, muchos libros por leer, muchas películas por ver. Ver a muchos amigos, pero evitando contar batallitas, interpretando la realidad y mirando al futuro", concluye quien debutara en 1973 con el filme Vera, un cuento cruel.