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Madrid a los pies del mítico grupo Roxette

Madrid a los pies del mítico grupo Roxette

Calor, mucho calor ambiental y humano, eso es lo que se ha sentido ayer en el concierto de Roxette en Madrid, ciudad dispuesta a celebrar con ahínco sus mejores recuerdos de los años 90 para convertir un show a medio gas en un recuerdo emotivo para todos y arropar el espíritu de superación de Marie Fredriksson. Cuando hace unos meses la cantante sufrió una caída en un concierto en Lituania, Pes Gessle notificó vía Twitter que la pierna derecha de su compañera le falla (también el ojo del mismo lado) como secuela del tratamiento con el que hizo frente al tumor cerebral que padeció en 2002 y que mantuvo al grupo en un paréntesis durante casi diez años. Aún así, la rubia Fredriksson, tan oxigenada como antaño, se aferra noche tras noche de esta gira a su butaca, a un pie de micro fijado al suelo, y sale a cantar, a ratos falta de resuello y apoyándose en su corista, a ratos con nervio, y es entonces cuando el auditorio entra en combustión. Poco ha importado que esta misma noche el Real Madrid se jugara el pase a la final de la Liga de Campeones. Los madrileños han respondido al 30 cumpleaños de este dúo mítico y prácticamente han agotado las 6.000 entradas puestas a la venta en el Palacio Vistalegre. Ellos han levantado el espectáculo tanto como unas canciones que forman parte del ADN de los 90, chispazos de pop pegadizo influidos aún por la década previa -no todo fue desasosiego existencialista "grunge"-, que llevaron a Roxette a vender más de 75 millones de copias y a convertirse en la banda sueca más celebrada desde ABBA.