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Obesidad infantil, un problema más allá de la alimentación

Lo que a simple vista parece un mal hábito alimenticio, puede esconder un problema emocional

Ya lo ha advertido la Organización Mundial de la Salud (OMS): la obesidad es uno de los problemas de salud más graves de nuestro siglo. Y nuestro país encabeza la lista de países europeos con un mayor índice de obesidad y sobrepeso infantiles. El 35% de los niños españoles de 8 a 16 años pesa más de lo recomendado, y de este porcentaje, casi un 21% presenta sobrepeso y más del 14% obesidad, según el informe El estado mundial de la infancia 2019: alimentación y nutrición de Unicef.

En España, país de dieta mediterránea, no lo estamos haciendo bien. Tal y como nos explica el doctor Antonio Escribano, endocrinólogo catedrático en Nutrición Deportiva y director de Nutrición de la Real Federación Española de Fútbol, “la clave está en cumplir, de verdad, con esa dieta mediterránea, eligiendo bien los alimentos, y sobre todo, la cantidad”.  

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Los niños cada vez ingieren más azúcar

El doctor Antonio Escribano comenta que estos últimos años, la tendencia de los niños a la hora de elegir la comida ha empeorado: “comen muchas chucherías y bebidas refrescantes, que contienen una enorme cantidad de azúcar”. En sus propias palabras, “es raro” encontrar a un pequeño que coma variado, “una dieta que incluya fruta, verdura, pescado…” y a ello se suma el sedentarismo. “Pasan mucho tiempo delante de las pantallas, por lo que la miopía en los niños ha aumentado en un 30%”, añade.

Los profesionales de la salud alertan de que todos estos factores están contribuyendo a un aumento exagerado de peso, pero, ¿qué hay detrás de ello? ¿Solamente malos hábitos alimenticios?

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Un problema relacionado con el aspecto emocional

El doctor Ignacio Jáuregui, psiquiatra y psicólogo, nos confirma que este problema con la alimentación tiene un trasfondo psicológico. En muchos casos, responde a una “mala gestión de las emociones” porque el niño no cuenta con habilidades para hacerlo o porque no se le ha enseñado cómo manejar sus sentimientos de forma adecuada.

Los niños que se enfrentan a situaciones como:

  • El bullying, acoso escolar, y problemas de adaptación en el colegio de niños con altas capacidades y distintas necesidades…
  • Un entorno familiar complicado.
  • O tienen preocupaciones, como, por ejemplo, no tener un grupo amplio de amigos debido a su carácter introvertido

Pueden ver la comida como un refugio a su tristeza y su ansiedad. “Si tú estás mal, y descubres que comiendo un alimento te sientes mejor, aprendes a utilizarlo como un remedio emocional, casi como si fuera un fármaco. Estos alimentos suelen ser calóricos, contienen azúcares refinados, lo que desencadena que el niño aumente de peso”, explica el doctor Ignacio Jáuregui.

Y así comienza un bucle difícil de interrumpir, en el que el pequeño “aumenta de peso y la integración social en su grupo disminuye. Al fin y al cabo, un niño con sobrepeso u obesidad se convierte en el punto de mira de sus compañeros”.

El psiquiatra y psicólogo apunta que estos problemas suelen presentarse en preadolescentes, de aproximadamente 10-11 años. Una etapa que se torna crítica por el desarrollo puberal que experimentan, en especial, las niñas. “Ellas aumentan de peso porque se acumula la grasa, y ésta se redistribuye por sus mamas, caderas… lo que hace que, desde su punto de vista, su imagen empeore, y tanto les puede llevar a cuadros como anorexia o bulimia, como a todo lo contrario: el sobrepeso y la obesidad”.

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La familia, un pilar fundamental

Tanto Ignacio Jáuregui como Antonio Escribano hablan del importante papel que juega la familia. Ambos explican que la situación en el hogar ha cambiado. Antes, los padres solían estar con sus hijos a la hora de la comida, que se convertía en un punto de encuentro para gestionar temas personales de los niños.

Ahora, en cambio, el pequeño se encuentra con que no hay una familia que le muestre cómo gestionar sus emociones, así que su aprendizaje es a través de las redes sociales, en el patio del colegio… Lo que conlleva el riesgo de que no adquiera los hábitos adecuados.

En opinión el doctor Antonio Escribano, la falta de tiempo no exime nuestra responsabilidad. Debemos enseñarles a comer de forma correcta, y para lograr nuestro objetivo, tenemos que mentalizarnos de que es fundamental predicar con el ejemplo.

Pero además de comer de forma saludable, tampoco podemos olvidarnos del plano emocional. A este respecto, el doctor Ignacio Jáuregui recomienda:

  • Hablar mucho con ellos en casa.
  • Jugar. Procurar que no sólo sean videojuegos. Intentar encontrar espacios al aire libre donde puedan hacerlo. Es esencial que practiquen ejercicio físico para compensar el balance energético. Es decir, que no ingieran más energía de la que consumen.
    Una opción puede ser apuntarles a clases extraescolares deportivas, siempre y cuando preguntemos al niño cuáles son sus intereses. Asimismo, también hay iniciativas, como la Copa COVAP, una iniciativa deportiva y educativa que busca promover la práctica del deporte entre los más pequeños y hábitos de vida saludables, y que ha cumplido su octava edición.
  • Reforzar su autoestima. Tendemos a remarcar lo que hacen mal, pero hay que hacer un refuerzo positivo, así, influiremos en su autoestima de forma positiva.
  • Fortalecer sus redes sociales. Como padres, tenemos que controlar que hagan un uso adecuado de las redes sociales.

Dado que se trata no sólo de un problema físico, sino también emocional, el doctor Ignacio Jáuregui insiste en que no sólo hay que recurrir a un dietista-nutricionista, sino también a un psicólogo. Mientras que el primero establecerá la dieta más adecuada, el segundo se encargará de facilitar las pautas para que el pequeño la siga. Sobre todo, trabajando su motivación. “Al presentar síntomas de ansiedad, de aislamiento… es habitual que al niño le cueste cambiar sus conductas”, señala. Al mismo tiempo, resalta que es más sencillo trabajar con él en la infancia que en la etapa adulta.

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Consecuencias negativas a corto y largo plazo

De esta forma, con la ayuda del dietista-nutricionista y del psicólogo, así como el apoyo de la familia, podremos lograr cambiar los malos hábitos alimenticios del pequeño.

De lo contrario, ambos expertos alertan de que las consecuencias para el niño serán notables tanto a corto como a largo plazo:

  • Altas probabilidades de que el niño se convierta en un adulto obeso.
  • Problemas físicos y enfermedades, que se agravarán a medida que crezca. Diabetes tipo 2, colesterol, tensión alta, artrosis, algunos tipos de cáncer, como el de mama, colon y endometrio…
  • Problemas emocionales, de niño y de adulto. “Existe un estigma de obesidad”, explica el doctor Ignacio Jáuregui, entre otros ámbitos, en el laboral. “Las personas obesas tienen menos acceso a puestos de trabajo”, afirma.

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