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¿Por qué es tan importante comunicarnos con nuestro bebé?

Al igual que nos preocupamos de aspectos como su dieta o su educación, cuidar la conexión que establecemos con nuestro pequeño es esencial para su desarrollo emocional

Con la llegada de nuestro bebé, todo cambia, desde nuestras prioridades a nuestras rutinas. Y aunque atenderle lo mejor posible se convierte en nuestro principal objetivo, durante este proceso, nos olvidamos de algo muy importante: la comunicación con nuestro pequeño.

Mª Ángeles Cerezo, catedrática de Psicología básica y autora del libro Si los bebés hablaran, nos explica que entre padres e hijos se establece un diálogo emocional que comienza en el mismo momento de su nacimiento. Una conexión que debemos cuidar, ya que suele verse interrumpida por diversas circunstancias, como un excesivo uso del móvil o lo que la autora califica como ‘superpresencia’. Es decir, cuando los padres no paran de hablar e impiden que fluya la información en ambos sentidos.

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Una conexión especial desde el primer día

La mente de nuestro bebé despierta durante sus primeros meses de vida. “Vienen al mundo con una mente por construir, que emerge gracias a la comunicación con el adulto”, detalla Mª Ángeles Cerezo. De ahí que este intercambio de información entre el pequeño y su cuidador resulte esencial para su crecimiento. Y para que se produzca de forma correcta, es necesario crear un espacio con el bebé, así como “redefinir el espacio individual, el espacio con la pareja y el espacio como familia”.

La conexión con ellos se establece a través de sentidos básicos como:

  • La vista. Al nacer, comienza ese “diálogo emocional” del mirarse cara a cara. El bebé está programado para orientarse hacia el rostro humano. Por este motivo, la psicóloga nos advierte sobre el uso del móvil cuando estamos con ellos. “Si ponemos el dispositivo entre su cara y la nuestra, estamos interfiriendo en este proceso”, comenta.
  • El oído. Captan nuestra melodía, nuestra voz… los sonidos que ellos emiten y nosotros repetimos contribuyen a crear su mente. Y por esta razón, debemos asegurarnos de que la comunicación fluya en ambos sentidos.
  • El olor. Durante los primeros meses, el bebé suele tener preferencia por la madre porque tiene una “impronta de nacimiento”. Reconoce su olor, el pulso de su corazón, su ritmo al andar…

Por todo ello, debemos prestar especial atención a cómo conectamos con nuestro pequeño, procurando evitar lo que la autora llama “estar sin estar”. Es preciso estar presentes no sólo a nivel físico, sino también emocional.

Asegura, además, que los bebés gozan de un sentido extraordinario, que les hace capaces de detectar todo lo que hay a su alrededor. Tanto es así que advierten cuándo algo no marcha del todo bien, lo que no implica que comprendan qué sucede exactamente.

“Si estás triste, es complicado que conectes a nivel emocional con él porque no entiende esa señal. Los bebés se comunican de una forma distinta, que tenemos que aprender y conocer”, apunta. Al fin y al cabo, durante esta primera etapa de su vida, no puede verbalizar lo que siente. Es más, en muchas ocasiones, ni él mismo lo sabe, y por este mismo motivo, nos necesitan.

“Su mecanismo de supervivencia son los llantos y protestas. Sabe que en cuanto les escuchamos llorar, acudiremos rápidamente a su llamada”, comenta. Sin embargo, desde su punto de vista, lo ideal es darnos 30 segundos para averiguar qué le puede ocurrir antes de alarmarnos. De este modo, el pequeño percibirá que somos alguien en quien se puede confiar.

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Cómo conseguir una buena comunicación con nuestro pequeño

Mª Ángeles Cerezo incide en que la clave para que ellos estén bien, es “estar bien nosotros”. La figura del cuidador es, por tanto, muy relevante en su desarrollo emocional, y sentará las bases de una buena inteligencia emocional: “la comunicación que tenga con nosotros le ayudará a entender sus emociones y aprender a gestionarlas”, resume.

Unos beneficios que se notarán tanto a corto como a largo plazo:

  • Capacidad de conectar con el mundo exterior cuando llegue el primer año de vida. Un mundo predecible, en el que existe una rutina, y sobre el que tiene un cierto control.
  • Apego seguro, al que Mª Ángeles Cerezo se refiere como “seguridad emocional”.
  • Espíritu ‘aventurero’: estará dispuesto a explorar lo que hay más allá de su pequeño universo.
  • Facilidad para interactuar con sus ‘iguales’. Es decir, sus compañeros en Preescolar.
  • Menor probabilidad de tener problemas emocionales.

De lo contrario, si esa interacción no ha sido adecuada, los estudios apuntan a que el bebé se sentirá inseguro a la hora de enfrentarse a ese mundo exterior, encontrará mayor dificultad a la hora de comunicarse con sus compañeros y hay una alta probabilidad de que padezca algún problema emocional en el futuro.

La autora de Si los bebés hablaran da, además, una serie de consejos para que los papás y mamás logren una buena comunicación con sus pequeños:

  • No imponer nuestro ritmo: conocer cuál es el suyo y adaptarnos a él. Darnos cuenta de que tienen sus tiempos, y que no por ir despacio son torpes. Tenemos que ponernos en su lugar. Acaban de llegar al mundo y tienen que procesar mucha más información que nosotros.
  • No sobrecargar su sistema. En línea de lo anterior, debemos darles un respiro.
  • Procurar una atención cálida. Estar relajados y tranquilos cuando intentamos resolver las situaciones que se dan con el bebé.  
  • Favorecer las rutinas. Establecer espacios para que ellos se enganchen.
  • Conectar con ellos de forma positiva.

Si seguimos todas estas pautas, conseguiremos preparar la mejor de las "mochilas", repleta de herramientas para gestionar sus emociones, y que los niños podrán usar a lo largo de su camino.

- Leer: ¿Qué es el apego seguro y cómo nos influye?

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