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¿Y si su dolor de tripa no fuese una excusa?

Puede que tu hijo sufra lo que se conoce como dolor abdominal recurrente, un problema que afecta al 10% de niños y adolescentes, y que no está relacionado con ningún problema de salud

“Me duele la tripa”. ¿Cuántas veces habremos escuchado a nuestros hijos decir esta frase? En ocasiones, se debe a algún problema puntual, como gases o indigestión, a una reacción adversa de su organismo frente a un alimento, como la intolerancia a la lactosa… Pero otras veces, no encontramos ninguna causa aparente.

El dolor abdominal recurrente es una molestia que se presenta con bastante frecuencia entre los más pequeños. Según informa Rubén Nieto, investigador de la Universitat Oberta de Catalunya y miembro de su ‘eHealth Lab’, afecta al 10% de los niños y adolescentes, y no está relacionado con su salud. 

Tal y como nos detalla, se relaciona con otros factores psicosociales. Y se trata de un problema que no sólo afecta físicamente al pequeño, sino que termina influyendo en su día a día y el de su familia.

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¿Cuáles son las causas?

Rubén Nieto nos explica que para que este dolor que se produce en la zona de la barriga sea considerado dolor abdominal recurrente debe aparecer, como mínimo, una vez al mes, y suele afectar a pequeños.

Si, en efecto, el niño presenta este malestar, lo primero que debemos hacer es consultar a nuestro pediatra, quien realizará las pruebas pertinentes para descartar cualquier problema de salud. Aunque, en palabras del investigador, “en el 90% de los casos se debe a otras causas”, que influyen en el estado emocional del niño:

  • Nerviosismo.
  • Estrés en el ámbito familiar. A los niños les afecta mucho lo que sucede en su entorno.
  • Problemas de comunicación con la familia o con sus compañeros en el colegio.
  • Alto nivel de exigencia en el plano académico.
  • La sobrecarga de actividades extraescolares.

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Los padres, un apoyo fundamental

Todos estos factores pueden llegar a influir en el niño de tal forma, que acaba sufriendo este malestar. Y aunque Rubén Nieto explica que es necesario estar alerta por si el dolor se presenta, los padres tampoco “deben preocuparse en exceso”. Desde su punto de vista, lo importante es buscar los recursos y herramientas para mitigar el problema.

De hecho, el eHealthLab de la Universitat Oberta de Cataluña y el grupo de investigación PSiNET adscrito a esta universidad, han puesto en marcha una web gratuita, DARWeb, con el objetivo de ayudar a los progenitores a afrontar el dolor abdominal recurrente.

En ella, facilitan unos sencillos consejos para trabajar con sus hijos:

  • Técnicas de relajación y ejercicios para lograr que el pequeño se tranquilice. Por ejemplo, una actividad consiste en aprender a tensar y destensar partes del cuerpo, y finalmente, consiguen relajarse de forma automática.
  • Herramientas para aprender a controlar sus pensamientos negativos. Al aparecer el dolor, hay muchos niños que se bloquean y piensan que no serán capaces de hacer nada. La idea es que transformen esos pensamientos negativos en positivos a través de una técnica de estructuración cognitiva. Un ejercicio que consiste en identificar que ese pensamiento negativo ha aparecido, y una vez lo localicen, formularse unas preguntas que les permitan desafiarlo.
  • Recursos para que identifiquen los posibles detonantes del dolor.  

Queda claro que nuestro papel como padres es fundamental a la hora de hacer frente al dolor abdominal recurrente. Por ello, Rubén Nieto nos da las siguientes recomendaciones:

  • No eximirles de sus responsabilidades y vivir nuestro día a día con la mayor normalidad posible. “Es habitual que cuando vemos que el niño tiene dolor, aunque le toque recoger la mesa, no le dejemos hacerlo, y nos estamos equivocando. Debe ponerse con ello”, aclara.
  • Tener en cuenta que nuestros hijos imitan nuestra actitud ante el dolor. Por ello, tenemos que intentar ser coherentes. Si ven que nos quedamos en casa por un dolor de cabeza, ellos asumirán que es normal.
  • Apoyarles y animarles, jugando con ellos. Está demostrado que si no se concentran en su malestar, éste disminuye. Por tanto, nuestra misión también consiste en distraerles.

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Un problema con consecuencias a corto y largo plazo

Rubén Nieto insiste en que las consecuencias del dolor abdominal recurrente se hacen notar, sobre todo, en sus actividades diarias, en el colegio y en su bienestar. “Si practican algún deporte, se ven limitados a no practicarlo todos los días, y por otro lado, no pueden seguir el mismo ritmo que los compañeros que no tienen dolor. Todo esto hace que los niños se sientan mal”, concluye.

Otro riesgo de no tratar el problema cuando son jóvenes, es la repercusión que tendrá en su vida adulta: “se ha relacionado con una mayor probabilidad de sufrir problemas de salud mental, así como dolores crónicos no sólo en la zona abdominal, sino en otras partes del cuerpo como la espalda”.

Aun así, el investigador de la Universitat Oberta de Cataluña lanza un mensaje tranquilizador y esperanzador a los padres,  resaltando que con los recursos apropiados, padres e hijos son capaces de manejar correctamente y adaptarse a la situación.

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