Cómo poner límites a las rabietas de los niños

Poner límites a un niño de dos años, la edad en la que surgen las primeras rabietas, no es sencillo y puede acabar con tu paciencia.

Sabes que ponerle límites significa enseñarle límites y normas, cuidarlos e inculcarles la importancia de los valores y el respeto. Parece tan pequeño que es habitual preguntarnos, ¿cuándo debo comenzar a ponerle límites? ¿Entiende el significado de esos límites? Poner normas es importante para la educación de los niños y deben estar presentes desde los primeros meses de vida. 

Si el niño atraviesa la fase conocida como “los terribles dos años” es posible que hayas experimentado esa sensación tan ambigua que produce en los padres las rabietas. Más aún si ocurren en la calle o a la salida del centro infantil. La mirada de otros padres, los comentarios de los vecinos y la frustración de no saber qué hacer para calmarlo suelen empeorar el panorama. 

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Comparte la responsabilidad de poner límites

Si lo tomas como una tarea en solitario puedes caer, con facilidad, en la resignación. Compartir la tarea de poner límites es confiar en el personal del centro educativo y pedirles consejo y sugerencias y que otros adultos, implicados en el cuidado del niño, también lo hagan. Ya sea el padre, los abuelos, los tíos o la cuidadora, el pequeño debe saber que hay cosas que no pueden hacer o tener. 

Ponerle límites es una manera de cuidarlo y ayudarlo a crecer de una manera segura, organizada y responsable. Nunca es tarde para poner límites, pero cuanto antes lo hagas más temprano se asimilan. 

Cómo poner límites a las rabietas de los niños y generar un clima de comunicaciónVER GALERÍA

Utiliza un lenguaje apropiado para su edad

Todo los pedagogos coinciden en la importancia de poner límites aunque produzcan rabietas o enfados desmesurados en los niños. Otro punto en el que coinciden es la necesidad de hablarles de una manera adecuada a su edad. Las indicaciones deben ser claras y sencillas. Nada de sermones y vueltas para explicar los pros y contras. Los niños no pueden comprender los mensajes abstractos. Si quieres que se quede quieto, debes ser capaz de darle esa orden pero también de explicarle por qué debe hacerlo. 

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No desesperes

El vínculo respetuoso entre padres e hijos genera confianza y seguridad. Aunque es muy difícil, procura mantener la calma ante la rabieta. Si le gritas y el niño te nota nerviosa es probable que todo vaya a más. 

En ocasiones las rabietas también representan la frustración del niño y la impotencia. Si notas que es el caso, puedes dejar que se calme sin insistirle en que deje de llorar o  para que entre en razones. Respeta su tiempo manteniéndote a su lado, para que sepa que estás con él y que puede contar contigo. 

Cuando esté más tranquilo explícale los motivos de tu decisión, hazlo de manera amorosa pero con seriedad, para que pueda comprender que ha estado equivocado. Nunca le grites, por más desesperante que sea la situación, recuerda que son niños y están aprendiendo. 

Elige palabras positivas, no lo descalifiques y mantén un mismo criterio

Para fomentar el diálogo con tu hijo, busca frases o palabras que sean positivas, que no descalifiquen, ni etiqueten al niño. “Siempre te portas mal” o “eres un maleducado” son mensajes que hieren al menor y no ayudan a comprender lo entendido. No se trata de acusarlos, sino de hacerles ver lo que estuvo mal. El tono de tu voz y la templanza con lo que le hables lo ayudará a comprender que esas actitudes no son adecuadas.

Si pones un límite procura mantenerlo, porque si lo vas cambiando, el niño no logra comprender que es una norma que debe seguir 

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