Qué debes hacer si crees que tu hijo tiene altas capacidades

No siempre es sencillo reconocerlo porque las características varían según el pequeño, su familia y el entorno en el que se desenvuelve.

Una persona con altas capacidades tiene un nivel intelectual superior a los 120 CI (cociente intelectual). Las primeras manifestaciones suelen ocurrir desde una edad muy temprana. La escolarización  ayuda a que padres y profesores reconozcan la capacidad del niño superior al de la media. Los pequeños con altas capacidades pueden aburrirse en el colegio con mucha facilidad. Su poder de aprendizaje es superior al de resto de sus compañeros lo que desencadena una ruptura entre la escuela y el menor. 

Si tu hijo se queja del colegio, quiere faltar a clase y notas que la escuela lejos de motivarlo le aburre, lo mejor es hablar con la tutora. Existen muchas instituciones que brindan herramientas a los padres y docentes para estar preparados y darles a los niños la mejor formación.

Tener altas capacidades no significa que será el mejor alumno

Tener altas capacidades no es un problema, todo lo contrario, solo hay que saber cómo atender a los niños con esta condición. Si crees que tu hijo tiene una inteligencia superior habla con el colegio para que acompañen el proceso educativo del pequeño de la mejor manera. También para que estén atentos al desempeño social, no solo de tu hijo, sino también de sus compañeros. 

Si el pequeño no está motivado por el equipo docente, es probable que deje de lado su curiosidad y ganas de saber. No poder desarrollar todo el potencial que tienen los desmotiva y, en ocasiones, llegan a una sensación de frustración personal tan alta que pueden deprimirse. Lo mismo logran un diez en matemáticas que un dos en historia, necesitan canalizar su memoria, su destreza y sus sensaciones como cualquier otro niño. Saber que es respetado es la mejor manera de incentivarlo en su educación.

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No te desesperes, harán todo lo posible por ayudarlo

Los niños con altas capacidades pueden sufrir, además de un aburrimiento supino en clase, un rechazo por parte de sus compañeros. Ser el más listo genera burlas, envidias y mofas, pero también incomodidad por parte de algunos docentes. Si tu hijo se ha dado cuenta de que esto puede ocurrirle, probablemente opte por aislarse del grupo y pasar desapercibido. Los dos extremos lo pueden perjudicar, más aún, si el entorno educativo no está al tanto de esta condición en el menor. 

Adaptar el sistema educativo, la dinámica de una clase o las directrices de un centro escolar no es algo sencillo, tal vez no ocurra, pero esto no significa que un niño con altas capacidades tenga que ‘sufrir’ en el colegio. Sentirse  escuchado, querido y comprendido le ayudará a no excluirse, ni a aburrirse. Hablar con él y explicarle lo que sucede, como en la mayoría de situaciones, es lo más aconsejable. 

En ocasiones suele ocurrir que, por temor a que el niño sufra, los padres le piden que ‘disimule’. Que no sea el primero en responder, ni el único que levante la mano, que intente mostrar interés y que juegue con sus compañeros, aunque no tenga ganas. Obligarlo a esto es hacer que se avergüence de su forma de ser y lastimarlo. 

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Empezar por casa

Tener altas capacidades no es una enfermedad, ni un trastorno, ni una desventaja. No hay nada que ocultar, ni medicar, solamente hace falta conocer de qué se trata y crear un entorno adecuado para que el pequeño sea feliz y pueda aprender a su ritmo, que es mucho más rápido que la media. Tu conducta como madre será fundamental, juegas un papel fundamental porque si te abruma y te preocupa la situación le transmitirás estas emociones a tu hijo. 

Ni le pidas todos sobresalientes ni lo desanimes por sus búsquedas intelectuales. Es fundamental que conozcas a tu hijo y su proceso madurativo. Cargarlo de responsabilidades o de actividades extraescolares no es la solución, se trata de buscar el equilibrio entre sus gustos y sus necesidades.

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