¿Qué alteraciones pueden determinar que un embarazo sea considerado de alto riesgo?

Aunque los temores son muy razonables durante la gestación, una etapa de mucha inseguridad y de sensibilidad a flor de piel, lo cierto es que solo un 10% de los embarazos son catalogados médicamente como de alto riesgo.

Las condiciones físicas de la madre lo son todo a la hora de evaluar los posibles riesgos por lo que puede atravesar un embarazo. Si la madre tiene entre 20 y 35 años y tiene una vida con hábitos saludables, las probabilidades de sufrir un embarazo de alto riesgo se minimizan. Sin embargo, existen trastornos que pueden producir problemas antes y durante la fecundación.

Estos motivos pueden responder a anomalías congénitas, problemas en la salud de la madre, síndromes o condicionantes adquiridos durante el embarazo o problemas en la formación del embrión. La toxoplasmosis, por ejemplo, está relacionada con la alimentación y la ingesta de alimentos no cocinados que puedan contener bacterias. La diabetes gestacional o los embarazos múltiples también son problemas o condicionantes que pueden producir suficientes alteraciones y dificultades para convertir en embarazo en una gestación de alto riesgo.

Anemia

El consumo de hierro es tan importante durante el embarazo porque uno de los motivos más habituales para que la gestación adquiera el nivel de alto riesgo es la posibilidad de que la madre desarrolle anemia. Si una mujer sana es diagnosticada con anemia no tendría mucho de lo que preocuparse, pero durante la gestación es un peligro importante, porque eleva significativamente el riesgo de mortalidad de la madre durante el parto, además de que puede provocar carencias importantes en el desarrollo del feto.

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Durante el embarazo, el hierro es uno de los principales micronutrientes que incrementan el volumen de sangre, que en la gestación debe elevarse un 50% más del que ya tenía de por sí la madre. Esto es así porque la placenta necesita más sangre y esta, a su vez, está destinada al desarrollo del feto.

Las anemias ferropénicas son muy habituales en los embarazos. Sin embargo, si no se logran disminuir y regular con una buena dieta y con suplementos el embarazo puede entrar en riesgo.

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Preeclampsia

Es una enfermedad propia del embarazo que afecta al 7% de las mujeres embarazadas y que muestra sus síntomas, aproximadamente, en el cuarto mes de gestación. Implica una subida drástica de la tensión y una retención de líquidos severa que origina una pérdida sustancial de proteínas en la orina.

Esta enfermedad desaparece con el embarazo, pero es grave cuando convierte la gestación en una situación de alto riesgo, pues los síntomas hacen muy difícil el crecimiento del bebé, porque hace que disminuya el líquido amniótico, que le lleguen menos nutrientes y que no se hidrate debidamente.

No existen todavía estudios que logren determinar con exactitud las causas definitivas de la preeclampsia, pero se estima que son más propensas a padecerla las mujeres mayores de 40 años y aquellas que tienen un embarazo múltiple.

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Edad materna

Cuando la madre es muy joven (menor de 16 años) o cuando tiene más de 40 años y es su primer parto, el riesgo para ella y su bebé es mayor. Lo cierto es que cada vez tenemos hijos más tarde y que todos los dispositivos y protocolos atienden ya, con mayor eficiencia, los casos y las necesidades de madres mayores de 40.

Sin embargo, es en edades avanzadas cuando se pueden experimentar embarazos de alto riesgo, dado que en muchos casos son fruto de técnicas de inseminación artificial, que producen embarazos múltiples, y que el embarazo llegue a buen puerto no es solo una cuestión de edad sino del propio estado de salud de la madre. Y por eso hay que tener en cuenta que a cada año que pasa podemos sufrir más complicaciones relacionadas con la presión arterial, diabetes gestacional o problemas con la placenta.

También es importante tener en cuenta que en los embarazos de mujeres de más de 35 años aumenta el riesgo de que el feto presente alteraciones cromosómicas, como el Síndrome de Down. Estadísticamente, con 30 años el embarazo de una mujer sana tiene una probabilidad entre mil de que su hijo desarrolle síndrome de Down, y con 40 años la probabilidad es de 1 entre 100.

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