Estas son todas las emociones e ideas que surgen en ti durante el embarazo

Durante el embarazo, nuestra percepción anímica es un volcán. Las emociones afloran sin pausa en nuestra mente, y nos hacen atravesar un torbellino de ideas y de sensaciones.

Dar la vida a un nuevo ser es uno de los pasos más grandes que podemos hacer como personas y, sin embargo, parece que nuestro organismo lo ejerce de una forma natural y sin sobresaltos, avanzando a cada etapa de forma acompasada y atravesando los pasos clásicos de gestación que el ser humano ha experimentado desde épocas inmemoriales. 

Por un lado, los cambios hormonales que experimenta nuestro cuerpo son muchos y muy variados, en función de la fase de gestación. Pero además se da la circunstancia de que este proceso está íntimamente relacionado con nuestra propia vida, vamos a dejar de pisar una tierra de confort, y a convertirnos en mentoras y protectoras de una nueva vida a la que acompañaremos para siempre.

Para minimizar este impacto las mejores soluciones pasan por compartir tus experiencias con otras personas que estén en tu situación, es decir, mujeres embarazadas. En este sentido, las clases de preparación al parto son un excelente recurso para compartir experiencias y realizar un intercambio de ideas, relativizando algunas de nuestras preocupaciones y constatando que la montaña rusa que estamos viviendo es un proceso programado por nuestro organismo.

Sin embargo, no es del todo recomendable sumergirte en el consejo de personas que ya pasaron por este proceso con anterioridad. En ocasiones, las vivencias de quienes ya han vivido un embarazo pueden generar aún más inquietud, porque pueden arrojar luz solo sobre cuestiones negativas y no relativizar algunas partes de estos eventos emocionales, que son el resorte que en el fondo facilitan que sean soportados.

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Primer trimestre

A lo largo de los primeros tres meses las sensaciones que afloran con mayor facilidad son las de emoción y sorpresa. El estado de ánimo se ve impactado por la constatación de que este es un proceso de no retorno en el que la sensibilidad está a flor de piel.

Primero es normal no querer comunicarlo a todo el mundo, para hacer algo de tiempo y asegurar que no hay ningún problema en la gestación temprana. Sin embargo, una vez que se abre la veda y la noticia ya es comunicada a todo el mundo, el embarazo se convierte en un monotema del que resulta muy difícil salir.

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Todo el mundo te preguntará, y comentará contigo día a día cómo estás, cómo te sientes, y qué detalles has planteado para el futuro. Esto, que al principio hace ilusión, puede acabar generándote cierto estrés, porque se convierte en un tema del que en ocasiones resulta imposible salir.

Es durante el primer trimestre cuando el deseo sexual se minimiza y en el que pueden surgir situaciones de estrés en la pareja por abordar el futuro que, junto a la sensilidad hormonal que experimentarás, pueden fraguar una contínua encrucijada que te haga discutir o tener que gestionar situciones de conflicto en las que no sabes cómo te has metido. Es normal, se juntan emociones, incertidumbres, cansancio y presión social.

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Segundo trimestre

Al llegar al segundo trimestre, tu cuerpo se habitúa a su estado y se regulan algunos “achaques” del primer trimestre que no te permiten sentirte en plenitud, estarás menos cansada y recobrarás algo de agilidad.

La sexualidad volverá a su estado habitual, te apetecerá y te sentirás más ágil para mantener estas relaciones. Los expertos aconsejan disfrutar del sexo en este trimestre, cuando todavía no estás demasiado hinchada y vuelves a tener energía, porque el orgasmo produce un efecto positivo en el feto, pues en ese instante la sangre que fluye hacia el bebé disminuye y esto constituye un ejercicio circulatorio beneficioso para la regulación sanguínea de la placenta.

Si hay un temor clásico en el segundo trimestre es la ansiedad de empezar a sentir al bebé. Esto marcará tu relación con el embarazo, además de la preocupación constante por el peso y por mantener la forma física.

Tercer trimestre

Salta a la vista que estás embarazada. Esto tiene un factor positivo, porque te sientes arropada por todo aquel que tiene en cuenta tu situación: te ceden el asiento en el bus, te dejan pasar en las colas y se preocupan de que comas antes y mejor. Sin embargo, que sea tan evidente que estás embarazada colabora a que este sea un monotema del que ya llevas entre 6 y 9 meses conversando.

La recreación mental que realizas sobre el parto empieza a ser contínua. Piensas mucho en ello, en cómo será, en qué necesitarás haber hecho antes y en cómo será tu vida después. El parto es como una frontera que recorrerás una vez y de la que no podrás regresar. Es maravilloso, pero propicia un estado mental de temor por lo desconocido.

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