Cómo organizar (con cabeza) las vacaciones de los niños

Gestionar el tiempo en los largos meses de verano hará que los niños no malgasten las horas en dormir o ver la televisión

Las vacaciones de verano son, junto con la Navidad, la época del año más esperada por los más pequeño. Frente a ellos se abren más de dos meses de descanso y diversión en los que poder escapar de la rutina y las obligaciones escolares. Un periodo en el que disponen de todo el tiempo del mundo para dedicarlo a lo que más les gusta: ir la piscina, practicar deporte, jugar, ver la tele... Sin embargo, los niños todavía no disponen de la madurez suficiente como para gestionar tanto tiempo libre de una manera responsable, por eso es necesario que los adultos a su cargo se encarguen de ello, eso sí, teniendo siempre en cuenta sus gustos y necesidades.

En el verano es normal romper la rutina del resto del año. Es una época pensada para descansar y para disfrutar de una mayor libertad de la que se dispone el resto del año. No hace falta madrugar tanto y los horarios de las comidas y de la hora de acostarse se relajan. Pero si no marcamos unas mínimas pautas, el cambio de hábitos les puede llegar a desorientar y hacer que malgasten el tiempo jugando demasiadas horas con la consola de videojuegos o viendo la televisión. He aquí algunas propuestas de lo que puedes hacer con su tiempo para que lo disfruten y aprovechen al máximo.

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Hacer deberes

Los resultados académicos suelen tener un peso bastante importante a la hora de planificar las vacaciones de los niños. Si han suspendido o sacado malas notas tendrán que dedicar un tiempo al estudio para poder recuperar esas materias lo cual interfiere en gran medida en la organización de su horario en verano. Incluso si los resultados han sido positivos, conviene que no descuiden sus tareas y refresquen los conocimientos adquiridos en el curso. No es necesario saturarles con deberes; con una hora al día será suficiente. Además, estos deberes no tienen por qué parecerse a los del colegio. Puedes optar por los tradicionales cuadernos de vacaciones o bien crearlos tú mismo planteando juegos, adivinanzas o actividades alternativas con las que aprendan sin que tengan la sensación de estar estudiando.

Ver la televisión

Con una ausencia de horarios fijos el tiempo dedicado a ver la televisión puede dispararse sin que nos demos cuenta. Lo recomendado no debería sobrepasar una hora al día y es esencial que los adultos supervisen el contenido de lo que ven, dado que en verano las emisiones suelen rebajar su calidad. Se puede hacer una excepción en el caso de ver una película en familia, por ejemplo, el fin de semana.

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Realizar excursiones y salidas

Además de los viajes a la playa o al pueblo, es recomendable que se planifiquen salidas y excursiones al aire libre con los niños. Pueden ser culturales (al centro histórico de una ciudad, visitas a un museo…) o bien al campo y la montaña para disfrutar del contacto directo con la naturaleza. Además, son actividades en las que se pueden aprender muchas cosas acerca de la flora y fauna del lugar, de su geografía y de sus costumbres.

Practicar deporte

El buen tiempo es un gran aliciente para realizar actividades al aire libre, por lo que dedicar un par de horas al día a practicar algún deporte colectivo es una excelente opción para aprovecharlo al máximo. Futbol, baloncesto, tenis o vóley playa (entre otros muchos) son algunas de las alternativas para que los niños se aficionen al ejercicio físico y fomenten las relaciones sociales con otros compañeros. Por supuesto, ir a la piscina, además de un y refrescante entretenido pasatiempo, puede convertirse en una excelente oportunidad para que practiquen la natación.

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