Así es como la maternidad influye en tu sueño hasta que tu hijo tiene 6 años

Aunque no hay una regla fija que afecte a todas las mujeres por igual, lo cierto es que el sueño es uno de los aspectos más desestabilizadores del embarazo y de los primeros años de maternidad.

Uno de los factores que más influyen en nuestra salud cuando descubrimos que estamos embarazadas es el sueño, que mantendrá altibajos a lo largo de toda la gestación, y que no se estabilizará con el nacimiento, sino que se hará aún más cuesta arriba.

El sueño durante el embarazo

Los cambios hormonales son los responsables de los cambios frecuentes en los hábitos del sueño de las mujeres embarazadas. Cada etapa tiene sus cambios que hacen que, por ejemplo, durante el primer trimestre las embarazadas necesitan mayor tiempo de sueño pues crece su necesidad de descanso debido a los altísimos niveles de testosterona que producen, hasta triplicar la cantidad normal.

A lo largo del segundo trimestre los problemas ya no son hormonales sino fisiológicos: el cuerpo está en pleno cambio y el útero en expansión hace que la vejiga vea cómo disminuye su espacio, por lo que ir al aseo es una necesidad que se multiplica sea de día o de noche. Esto hace que dormir sea más complicado, ya que las visitas al aseo son continuas, además de un ascendente número de molestias digestivas y circulatorias que hacen de la noche un espacio de tiempo muy incómodo e inestable.

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Llegadas al tercer trimestre, la incomodidad en todo lo que rodea a la embarazada se hace patente y continuo. Dormir también. Nos sentimos muy cansadas, pues todo nuestro organismo trabaja a marchas forzadas para completar a un nuevo ser, y compartiremos energía, procesos fisiológicos y espacio físico con él. Sin embargo, la morfología de una embarazada en el tercer mes es muy difícil de acoplar en una cama, y encontrar la postura adecuada nos producirá muchos desvelos que harán que el descanso sea muy complicado.

Además, durante el tercer trimestre de gestación los movimientos fetales son continuos, la frecuente necesidad de ir al aseo se acrecienta y la intranquilidad por el parto nos puede jugar una mala pasada intranquilizándonos aún más.

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Tras el parto

Cuando el bebé nace, el sueño no se recupera fácilmente. Los primeros tres meses son los peores, pues un porcentaje considerable de recién nacidos desarrollan el cólico del lactante, que es un trastorno digestivo clásico y típico de los bebés que les produce un llanto intenso a cualquier hora, especialmente en la noche. Pese a que esta es una situación muy habitual, no se dispone de estudios concluyentes sobre los motivos que hacen que los bebés padezcan estos cólicos, y sólo un 5% de estos casos tienen un motivo demostrable.

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Pasados los tres primeros meses el bebé dormirá mejor, y en función de su lactancia podrá resultar más o menos incómodo mantener las tomas nocturnas. Sin embargo, el siguiente reto es el colecho, que puede ser una cuestión anecdótica o transitoria, o algo que te acompañará durante años.

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No hay una opinión concluyente tampoco sobre la mejor manera de gestionar que tu bebé duerma con vosotros, pues depende de la configuración familiar y de las necesidades que vayais identificando durante el crecimiento del bebé. Pero lo cierto es que tanto si el bebé duerme en la misma habitación como si lo hace en la suya propia los expertos han determinado que hasta que el niño no cumple los 6 años el sueño de los padres no se empieza a recuperar en niveles similares a los que había previamente del embarazo.

Un estudio de investigadores de la Universidad Warwick, del Reino Unido, puso a prueba el sueño de más de 4.500 padres y madres, y entre las conclusiones se confirmó que las madres acusan en mayor medida que los padres la falta de sueño a raíz del embarazo y maternidad, y este dato comenzaba a estrecharse para ambos desde que el niño cumple los 4 años, hasta que a los 6 se podría dar por finalizado.

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