Ayuda a tus hijos a afrontar sus emociones

Desde que nuestros hijos tienen uso de razón se dan con ellos conversaciones que, en ocasiones, demuestran que los niños y los adolescentes son filósofos en potencia. Estas conversaciones son muy importantes para acompañarles en su proceso de maduración.

El periodo que más marca nuestra vida es la infancia y la adolescencia. Después, en la etapa adulta, todo lo que viviremos y experimentaremos trataremos de compararlo y medirlo con aquellas sensaciones, deseos y emociones que vivimos en la niñez, aunque no seamos conscientes de ello. Por eso, como se ha visto tantas veces recreado en el cine o en los libros, las sesiones de psicoterapia suelen apelar a cómo los padres nos hicieron sentir de pequeños y a los vínculos que no lograron establecer con nosotros.

Porque los padres son las personas que establecen el ritmo y la intensidad de los acontecimientos que nos marcan en nuestras primeras etapas de vida. Son los defensores y los traductores de todas las emociones y vivencias por las que atraviesa nuestro aprendizaje, y por eso, cuando la comunicación entre padres e hijos es buena, esa estabilidad fomenta que esos niños sepan afrontar sus emociones.  Así, en un futuro, se convertirán en adultos que saben entender mejor sus estados anímicos y la reacción que les producen los estímulos externos.

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¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos?

Mantener una buena comunicación con ellos es vital, y se trata de una llama que necesita ser alimentada de forma continua y sin ser descuidada. Los niños y los adolescentes se mueven en ciclos que se renuevan continuamente, es decir, sus preocupaciones y pareceres van cambiando a lo largo del tiempo y van mudando de “piel”. Por eso si dejamos de lado nuestra cercanía con ellos y pasamos por alto sus opiniones y sensibilidades durante una porción de tiempo considerable, es probable que luego reconectar con ellos sea más difícil y no se logre la misma profundidad.

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Por esta razón, permanecer cercanos a ellos para que puedan abrirse y expresar sus emociones, sensaciones, temores y sueños es una parte vital de nuestra labor como padres, en búsqueda de su estabilidad emocional. De este modo podemos asesorarlos para identificar los peligros y las situaciones transitorias por las que, en mucha ocasiones, ya hemos pasado. De esta forma podemos canalizar que sentir y como buscar la estabilidad cuando sienten inseguridad, envidia, anhelo, ira o frustración.

No se trata de crear un dogma que explique a tus hijos cómo son las cosas, qué deben sentir y sobre qué cuestiones no debe temer. Lo más importante es escucharles y hacerles sentir acompañados en este proceso de maduración y, después, el hecho de poder compartir situaciones e ideas que nos surgieron cuando teníamos su edad siempre es una cuestión muy útil, no solo para ilustrar otros puntos de vista, sino para demostrar que aquello por lo que ellos pasan ahora lo hemos atravesado también nosotros. De hecho, probablemente todos los seres humanos, y al ser conscientes de ello los problemas se relativizan y las alegrías se comparten.

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Claridad y libertad, no censura

En este proceso de comunicación es muy importante llamar a las cosas por su nombre, lo que en ocasiones fuerza a que busquemos palabras nuevas para definir emociones y situaciones desconocidas. Es muy importante saber describir qué es lo que les produce temor y ayudarles a expresar todos los matices, sacarlos afuera y de la forma más clara y concisa posible. Esto les dará un poder increíble a la hora de trabajar con sus emociones y sentimientos cuando sean mayores, porque llamar a las cosas por su nombre y hacerlo al detalle ayuda a saber qué es lo que piensa uno, y a ordenar esas ideas y sentimientos, organizándolos y mirándolas con transparencia.

También, es muy importante que no mantengas una actitud censora frente a aquellas cosas que tu hijo comparte contigo. No debes callar tu reprobación si existen problemas o conflictos concretos que hay que subsanar. Pero, en el día a día, si adquieres una posición de juez y realizas análisis morales o reprobatorios, seguramente conseguirás el efecto contrario a lo que buscas: servir de apoyo para expresar y compartir ideas y vivencias.

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