¿Sabes qué es un gemelo parásito?

Se trata de un problema congénito altamente infrecuente que consiste en gestar gemelos, pero con una compilcación que hace que uno de ellos se incluya dentro del feto del otro, y que permanezca ahí hasta después de su nacimiento, oculto como un parásito.

Cada medio millón de partos se da un caso de fetus in fetu, lo que más coloquialmente se denomina “gemelo parásito”. Se trata de un problema congénito que consiste en que durante los primeros días de gestación se produce una división anormal de las células embrionarias, que hace que la implantación en el útero no ocurra de la forma habitual. Así, en vez de desarrollarse gemelos de forma separada, quede uno integrado dentro de otro.

Dado que el índice de casos es muy bajo, los estudios sobre este problema no están muy avanzados y se considera un problema por estudiar, ya que por ahora se presentan características muy diferentes entre los casos estudiados. 

Lo habitual en estos casos es que el feto del gemelo que no se desarrolla, el que queda atrapado dentro del otro, se aloje en una parte del cuerpo del otro con suficiente espacio para su implantación, y por lo general la zona en la que este gemelo parásito se adapta (según un 70% de los casos estudiados) es en el abdomen, entre el estómago y el intestino. 

En función del espacio que ocupe y de los nutrientes que pueda recibir, el gemelo parásito podrá desarrollarse en mayor medida o quedar inerte y sin actividad. En este segundo caso, su apariencia será más bien la de un tumor, y por esta razón muchos de estos casos, en épocas anteriores, no se diagnosticaron debidamente como un fetus in fetu, sino como un tumor.

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Cómo es el desarrollo del fetus in fetu

En el caso de que el gemelo quede alojado de la forma más óptima para su desarrollo, dispondrá de una membrana con un líquido similar al amniótico en el que podrá flotar. Dentro se desarrollarán sus órganos, pero no siempre estarán dentro de una estructura orgánica equivalente a la de un ser humano completo, por lo que rara vez se desarrolla de forma completa como un feto. 

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El 80% de las veces estudiadas estos fetos han desarrollado extremidades, un 55% disponen de sistema nervioso, un 45% de intestino y la gran mayoría nunca logran desarrollar corazón o cerebro.

Lo que diferencia de forma más clara a los fetus in fetu de los teratomas (que son un tipo de tumores que parten de estructuras embrionarias) es el desarrollo de la columna vertebral. Es en este caso donde los expertos coinciden en que se sitúa la diferencia fundamental que permite describir claramente un caso de gemelo parásito.

Además, un cordón con vasos sanguíneos le unirán a su hermano o hermana, y estará conectado a su flujo sanguíneo. De esta forma recibirá los nutrientes y evacuará sustancias tóxicas, como si de una parte de su propio organismo se tratara.

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Cómo abordar este problema

En épocas anteriores, cuando los métodos de diagnóstico estaban menos avanzados, y aún hoy en países en vías de desarrollo, el hecho de que alguien pudiera tener el feto de su gemelo alojado en su interior podía no descubrirse hasta bien avanzada la etapa infantil, cuando la salud del niño se veía menoscabada por un motivo desconocido, y tras las pruebas se descubría este problema congénito.

En Occidente hoy en día los protocolos de diagnóstico que se realizan a la madre durante el embarazo pondrían de manifiesto que algo está ocurriendo en el caso de estar desarrollando un fetus in fetu, pues se identificaría una masa quística. Sin embargo, en el caso de pasar desapercibida, sería posteriormente identificado, cuando interfiriera en la salud del niño o niña, pues este gemelo parásito puede producir dificultades para respirar, vómitos, distensión abdominal o problemas metabólicos. El 75% de los casos que no se detectan al nacer se diagnostican antes de que el bebé cumpla los dos años, al percibir al tacto una masa en la zona abdominal.

Cuando se identifica esta masa suele confundirse con un tumor benigno, y tras los análisis y al comprobar que es un caso de fetus in fetu, se procede a la extirpación por medio de cirugía. Sin embargo, se han descrito casos en los que después de la extirpación, han aparecido tumores malignos pasados unos años y se ha relacionado ambas circunstancias.

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