Las pesadillas durante el embarazo son más habituales de lo que crees

A la somnolencia propia de los primeros meses de embarazo hay que sumar otro síntoma aún más molesto, los malos sueños que parecen empeñados en poner de manifiesto cuando dormimos todo lo que nos intranquiliza.

El camino que atraviesa toda mujer a lo largo del embarazo hace que viva todas las emociones y sensaciones a flor de piel. Porque son muchas las incógnitas, las inquietudes y los temores al cambio. Sobre todo las madres primerizas, asimilan de forma contínua un ingente caudal de nueva información sobre el proceso de embarazo y de maternidad, y toda esa información debe asimilarse cuando precisamente su cuerpo y mente atraviesa por fases de estrés y agotamiento.

Desde un punto de vista científico, la razón por la que los sueños de las mujeres embarazadas se convierten con mayor facilidad en pesadillas es que es, precisamente por la noche, el intervalo de tiempo en el que nuestro cerebro procesa los nuevos acontecimientos y aprendizajes. Todo aquello que implica una nueva emoción, una duda o un cambio de hábito, se procesa en nuestra mente en una fase del sueño. Si esto, a su vez, nos genera ya de por sí inquietud, la noche transforma ese temor en pesadillas.

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Procesos emocionales sin freno

Cuando avanzamos en la maternidad iniciamos también un contacto mental con quienes fuimos en nuestra infancia, y en las vivencias que experimentamos. Se trata de una proyección mental, a cada detalle que imaginamos de nuestro bebé, lo comparamos con nuestra vivencia y con el entorno que nos rodeó.

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Esto hace que regresemos a sensaciones y recuerdos que en ocasiones podríamos creer olvidados, y les completemos. Estar embarazada es un proceso que puede servir para cerrar heridas de recuerdos que no llegamos a comprender bien, pero que nos incomodan. Reproches de niñez que les hicimos a nuestros padres, travesuras infantiles o recuerdos de canciones, texturas y sabores que jamás creímos poder recordar.

Todo este torrente de recuerdos y emociones significa que estamos cerrando un círculo, dejamos de ser hijas para encaminarnos a ser madres, y de esta forma completamos un ciclo vital. Pero, por la intensidad de los recuerdos y la complejidad con la que estaban enterrados en nuestra mente, es probable que motiven pesadillas, pues es la forma que tiene nuestra mente de desentrañarlos, reconocerlos y asimilarlos.

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Decir adiós a una vida y saludar a la que vendrá

Cuando cambiamos de trabajo o cuando nos mudamos, son situaciones proclives a generar pesadillas, porque son muchos los temores concretos que vivimos. Aun cuando todo es positivo, las pesadillas pueden atraparnos por las noches. Esto se debe a que, por lo general, el ser humano teme los cambios.

Esta es una situación en la que aplicar resiliencia, y por tanto, asimilar a cada paso que nuestra vida nunca va a ser igual. Esto genera, necesariamente, un sentimiento de vulnerabilidad que supera a cualquier otra situación de nuestra vida, pues ser madre no es reversible, y a cada detalle de nuestra vida anterior se le solapa la constatación de que probablemente no volvamos a experimentarlo de la misma forma durante mucho tiempo.

Nuestra economía, la libertad horaria, el espacio doméstico, nuestra relación con la familia, y un sinfín de cuestiones, mutarán y se transformarán en otras. Muy probablemente, serán maravillosas, y cualquier problema se podrá afrontar si lo hacemos paso a paso, pero la inquietud no cesa, es humana y natural, y sin duda es una razón más para sufrir pesadillas.

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