La maternidad te hace más resiliente

El salto a la maternidad produce un vértigo muy razonable, porque todo nuestro mundo se reordena: las prioridades cambian, los tiempos y cuestiones tan domésticas como la propia configuración de tu casa dan la vuelta y se modifican para adaptarse a esta nueva situación.

Convertirte en madre es un camino solo de ida, que deja atrás una época y supone el comienzo de una etapa apasionante pero repleta de retos. Pero, durante ese proceso, la resiliencia juega un papel fundamental para digerir los cambios, para fortalecerte y para aumentar tu madurez. Cualquier madre, sin duda, ha pasado por un proceso de resiliencia.

¿La resiliencia no se aplica sólo a vivencias traumáticas?

La resiliencia es la capacidad de sobrellevar cambios, bien sean imprevistos dolorosos o planificados y felices. Todo aquello que hace revolverse a nuestra vida y replantea las prioridades sobre las que nos basamos, pudiendo generar sentimientos de ansiedad o de fuerte incertidumbre, se consideran etapas en los que ponemos a examen nuestro nivel de resiliencia y donde, saliendo airosas, demostramos haberla fortalecido al haber tenido la oportunidad de madurar aprendiendo cómo salir adelante en este nueva etapa de nuestra vida.

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La palabra clave para todo cambio vital es “incertidumbre”. Seas una persona a la que le cuesta sobrellevar los cambios o seas intrépida, cuando te enfrentas a la probabilidad de tener hijos sabes que de ahí en adelante todo lo que era una certeza en tu vida probablemente se vea inmerso en un proceso de incertidumbre, desde cuestiones puramente económicas, hasta afectivas y de madurez.

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Permítete disfrutar de cada paso del camino

A diferencia de otros cambios de nuestra vida, la maternidad se presenta paso a paso, y de esta forma gradual nos va haciendo conscientes del valor de cada etapa. Esta situación se da desde el día en el que sabes que estás embarazada y no termina en ningún momento. Porque cada una o dos semanas tienes sobre la mesa un nuevo reto, un descubrimiento y una emoción. Este “movimiento perpetuo” es la fotografía de lo que implica ser quien sujeta otra vida: quien conoce todos los detalles de un nuevo ser desde el día en el que nace.

Esta situación fácilmente puede provocar estrés y ansiedad. ¿Estaré a la altura? ¿Olvidaré algo imperdonable? Y, sin embargo, el propio proceso de la maternidad y de ejercer como madre supone en sí mismo un periodo de aprendizaje constante que permanecerá con nosotros durante toda la vida. No hay nada más natural que ser padres.

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Sin embargo, todos hemos vivido la situación al otro lado, siendo hijos. Y la percepción con que se crece es que los padres lo saben todo, y cuando no es así demuestran aplomo y sabemos que en sus decisiones existen líneas rojas que no podemos llegar a comprender. Cuando eres tú quien se encuentra al otro lado, y sabes que deberás ejercer de madre, puede que sientas que ese cambio de rol puede poner en evidencia tus inseguridades. 

Pero tenemos una buena noticia: todo el mundo lo consigue, y tú también. Disfrutar del camino y avanzar paso a paso en un proceso resiliente siendo madre no es una cuestión que a la larga debas ejercer conscientemente, sino que el propio camino de la maternidad te enseñará a disfrutarlo y a poner en su sitio todos tus miedos e incertidumbres.

Nuevas personas llegan a tu vida

Desde el embarazo tu situación es como llevar una bandera, salta a la vista que tu vida está cambiando y que probablemente existan muchas cosas que dudes y te generan intranquilidad. A veces para mal, te encuentras a personas que tratan de corregir cada actitud y acción que realizas, pero a la larga tener hijos te rodea de un nuevo grupo de personas que jamás habrías imaginado conocer.

Desde muy pequeños, los niños empiezan a relacionarse con el barrio. Incluso desde antes de echar a caminar. Los vínculos con parejas que también tienen bebés y con los que paseas, y más adelante: los padres de los amigos de tus hijos, todos ellos acaban formando un núcleo de comunidad al que puedes recurrir para crecer juntos y afianzaros como madres y padres.

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