Ocho claves para que tus hijos se lleven bien

Cuando llega un nuevo hermano a la familia, sus hermanos lo ven como un contrincante. Después, con ayuda de los padres, eso cambia y los hijos aprenden valores como la empatía y la paciencia para acabar creando entre ellos un estrecho vínculo basado en la confianza y la compliciad.

Los pequeños de la casa suelen ver la llegada de su hermano como la de un intruso que irrumpe en su vida para cambiarlo todo, y sienten que ahora tendrán que competir con él por el primer puesto en el corazón de sus padres. Surgen las envidias y las comparaciones, batallan por todo. La rivalidad existe desde el principio, “y aunque esta puede ser fuente de frustraciones y profundo malestar, también tiene un lado positivo, puesto que nos lleva a desarrollar nuestras habilidades innatas y talentos”, dice Àngels Ponce, terapeuta familiar.

Pero no todos los sentimientos son negativos. Cuando se tiene un hijo, los hermanos mayores aprenden valores que de otro modo tardarían más tiempo en adquirir. La primera lección que se asimila, según cuenta la terapeuta, es la empatía, puesto que “se aprende a valorar las necesidades, ilusiones e inquietudes de otra persona además de las nuestras”.

Además, apunta Àngels Ponce que “existen pocas personas que sean capaces de sacarnos de nuestras casillas como lo hacen nuestros hermanos, por lo tanto, ellos son los mejores maestros para ayudarnos a poner en práctica valores como la paciencia y la tolerancia”. De la misma forma, los pequeños también aprenden a compartir, y eso no es nada fácil, necesita mucha práctica, muchas peleas y advertencias de los adultos hasta que lo asumen”, explica la experta.

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Cómo evitar los celos entre hermanos

Si tus hijos no tienen buena relación porque esta se ve marcada por los celos y la competencia, Àngels Ponce propone ocho claves para lograr cambiar la situación:

  • Ante la llegada de un nuevo hijo, es importante hacer partícipes de todo el proceso a los hermanos mayores, aunque por su edad aún sean ‘pequeños’. Hay que conseguir que se sientan útiles.
  • Valora las habilidades de cada hijo, pero evita las comparaciones entre ellos para que no surja la competencia.
  • Busca actividades en las que todos colaboren, que nadie se sienta excluido. Muéstrales que pueden tener objetivos comunes y disfrutar haciendo cosas juntos.
  • Dedícale el mismo tiempo a cada uno de tus hijos. Que cuando estéis juntos, ellos noten que prestas atención a lo que estáis haciendo. Intenta que todos se sientan especiales.
  • Déjales su espacio. Que se relacionen a solas sin la supervisión de un adulto, que compartan confidencias y se hagan cómplices.
  • No reprimas el conflicto. Explícales que es normal molestarse con alguien a quien quieres mucho, y que el enfado no significa que esa persona te importe menos. Deja que discutan y luego llévales a la reconciliación.
  • Escucha sus quejas, intenta llegar a un acuerdo común y no te posiciones con nadie. Aunque para ti haya uno más débil, tal vez solo sea una percepción, y si le apoyas a él puedes hacer daño al otro.
  • Lo más importante es fomentar la buena comunicación. Escucha lo que tus hijos tengan que decirte, que se sientan comprendidos.

A pesar de que este tema pueda preocupar bastante a los padres, esto es algo pasajero. Cuando los hijos crecen, crean un vínculo muy estrecho. Comparten confidencias y consiguen decirse casi todo con una mirada. Se aportan seguridad, confianza y tranquilidad. Una vez superada la barrera del conflicto, se pasa a la absoluta complicidad y los hermanos establecen lazos de unión irrompibles.

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