¿Pueden sentir los niños adicción al teléfono móvil?

Desde la adicción a la tableta o al móvil, a la disnonancia entre los 'emojis' y nuestras propias emociones, es importante entender como padres la manera en que se comunican hoy los más jóvenes

Hoy en día no nos comunicamos como antes: los mayores y sobre todo los pequeños. En España, tres de cada diez niños de diez años tiene un smartphone y las cifras aumentan significativamente a los once (cuatro de cada diez niños) y a los doce años (siete de cada diez). Con estas edades, lo lógico es pensar que los niños nos han pedido tener su propio teléfono mucho antes: les dejamos jugar con nuestro móvil y tableta cuando nos lo piden, y crecen aprendiendo a desenvolverse con las nuevas tecnologías con una facilidad que a veces nos cuesta seguir como adultos.

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Este tipo de conducta no es innata, ni tampoco surge espontáneamente de los propios niños, sino que es un reflejo de cómo nos comportamos los mayores. "No podemos pedir a un adolescente que no chatee en la mesa si nosotros mismos no dejamos de mirar los correos del trabajo en el móvil durante la cena", explica Verónica Rodríguez Orellana, directora y terapeuta de Coaching Club. "Lo que diferencia a un adulto contestando correos, de un adolescente que está chateando en Whatsapp, es que el adulto en algunos casos puede controlar estas situaciones, mientras que los adolescentes carecen de estos mecanismos. Hay una gran hipocresía en cómo el mundo adulto ve el mundo adolescente sin darse cuenta de que realmente es el mundo adolescente el que mira al adulto y se comporta como tal".

Los niños copian, toman unos modelos de conducta y descartan otros, con la dificultad añadida de que, al contrario que los mayores, no disponen de recursos de auto control personal para poner límites a determinadas situaciones. Es, por tanto, labor de las personas adultas el enseñar a los más jóvenes que los límites no son algo contra lo que haya que luchar, sino que nos protegen de situaciones que pueden ser malas o peligrosas para nosotros. "Los límites están muy lejos de comportar, exclusivamente, la sanción y la limitación. Suponen guiar, proteger, prevenir o aconsejar".

CUANDO LAS TECNOLOGÍAS CAUSAN ADICCIÓN

"Un hábito se convierte en una adicción cuando interfiere en nuestra vida normal de todos los días", explica Verónica. "Si por estar en el móvil, el ordenador o la tableta dejo de salir de casa, no hago los deberes o interrumpo el contacto con las personas que me rodean entonces se puede decir que la tecnología está distorsionando la realidad cotidiana. Sobre todo si se repite de manera constatnte a lo largo del tiempo".

La adicción a Internet y a los dispositivos digitales es algo relativamente nuevo y también relativamente difícil de detectar; de hecho, aún no está contemplada en la última versión del Manual de Diagnóstico y Tratamiento de los Trastornos Mentales, aunque algunos estudios recientes muestran una creciente preocupación respecto al incremento del uso compulsivo de los móviles y de sus aplicaciones en usuarios de todas las edades. A diferencia, por ejemplo, del alcohol o el tabaco, el uso de la tecnología suele ser un reflejo de lo que hacen los padres que además se manifiesta abiertamente y no a escondidas. "Si el hijo está chateando al mismo tiempo que el padre, el problema es más difícil de detectar porque como adultos tenemos la misma dinámica, aunque estemos usando contenidos difrerentes".

Es importante resaltar que no todas las personas son susceptibles de desarrollar una adicción, ya que para ello se requiere la presencia de una serie de factores, entre los cuales destaca la propia vulnerabilidad y predisposición particular de la persona. Lo que sí es más común entre los teens y tweens que se enganchan de manera sistemática a las redes sociales, las Apps o los juegos online, es la presencia de una serie de emociones negativas. "Como consecuencia de una adicción a la tecnología pueden darse dos disparadores", puntualiza Verónica". "Hacia afuera, con pequeñas crisis de ansiedad, que llevan al adolescente a confrontarse a los padres con discusiones o un episodio violento; o hacia dentro, con pequeños episodios depresivos si por ejemplo no tienen cerca la tableta: se recluyen, están angustiados, no quieren salir de la cama. En ambos casos es difícil normalizar la conducta".

LA DISTORSIÓN DE LAS EMOCIONES

Al margen de las adicciones, uno de lo cambios que mayor impacto han tenido las nuevas tecnologías en la vida diaria es la manera en que nos comunicamos. "Ha habido un cambio de paradigma en la comunicación intergeneracional: antes podias sentarte a la mesa y hablar con tu padre de una manera cuando llegabas a cierta edad. Hoy en día la comunicación es digital; no llamas a tu madre para decirle que no hay nada en la nevera, le mandas un Whatsapp", puntualiza Verónica. "Los padres deben ser plenamente consicientes de que la forma de comunicarse ha cambiado, sin hacer un juicio de valor simplemente porque no forma parte de su código cultural".

Una de las barreras lingüisticas de este nuevo tipo de comunicación es la manifestación de las emociones mediante iconos, los emojis, que permiten expresar cómo nos sentimos mediante el uso de pequeñas imágenes, y que también son objeto de estudio. "Con un emoji puedes perfectamente poner una cara de alegria sin sentir alegría. Esto algo que nos diferencia de los animales: un perro que esta contento de verte te lo demuestra, pero los humanos podemos disimular nuestra alegría o tristeza, y los emoticonos son herramientas para ello. Pueden impedir la expresión más genuina de la emoción".

La doctora Marisa Navarro, doctora en medicina, terapeuta y autora del libro La medicina emocional, coincide en este aspecto. "Al comunicarnos por escrito a través del móvil expresamos nuestros sentimientos y emociones con onomatopeyas o emoticonos, pudiéndose dar la paradoja de estar contestando a alguien con un 'jajaja' mientras permanecemos con la cara seria", explica. "Se crea una disonancia entre lo que esa persona está pensando y lo que está expresando".

"Aunque es cierto que todos nos vamos adaptando a las nuevas tecnologías, y que no permitir a nuestros hijos comunicarse con sus móviles sería aislarlos socialmente, no podemos dejar que la tecnología acabe con nuestras costumbres, que chatear sustituya a hablar o que nuestras expresiones faciales sean sustituidas por emoticonos", recalca Marisa. "Todo con moderación".

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