¿Por qué los bebés españoles reciben más antibióticos que en otros países?

Un informe internacional compara el uso excesivo de antibióticos en niños menores de dos años y sitúa a España a la cabeza de la Unión Europea junto con Italia

Hace unas semanas, un estudio de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunidad Valenciana ponía sobre la mesa unos datos que acaparaban un montón de titulares de pediatría: los niños españoles de menos de dos años reciben casi un 50% más de antibióticos que los bebés de otros países, específicamente Alemania y Estados Unidos. La significativa muestra de once millones de niños pequeños a los que ha seguido el estudio compara el uso de antibióticos entre seis países distintos, y forma parte de una ambiciosa investigación internacional en la que han participado científicos alemanes, italianos, noruegos, coreanos y americanos, además de españoles.

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El informe desvela que, de todos ellos, y a pesar de tener tasas de infecciones bacterianas más o menos similares, Noruega es el país con menor consumo de antibióticos entre la población infantil, mientras que Corea del Sur puede llegar a prescribir siete veces más que el país nórdico este tipo de medicamentos a lo largo de un año. España no se queda lejos: de esos seis es, junto con Italia, el país que más antibióticos receta a los 'peques' después de los coreanos, alcanzando una media de 1,5 antibióticos al año en los dos primeros años de vida. Este exceso de prescripciones explicaría en parte por qué los niños españoles están entre los que presentan una mayor resistencia a los antibióticos de toda la Unión Europea. A mayor consumo, más difícil es que el medicamento sea eficaz a lo largo del tiempo, y más resistentes se vuelven las bacterias, llegando a evolucionar en superbacterias muy difíciles de combatir.

Pero, ¿qué hay de cierto en estos datos cuando los aplicamos al día a día de las consultas de pediatría? ¿Es posible pedirle al pediatra que recete menos antibióticos a los niños? "Estos datos son reales y es cierto, en España se prescriben más antibióticos que en otros países desarrollados", explica el doctor Jesús Garrido, pediatra y autor del blog Mi Pediatra Online. Pero para hablar del uso que hacemos los españoles de los antibióticos hay que tener en cuenta muchas otras variables y no sólo las prescripciones de más. "Una cifra aislada no analiza el problema".

El uso de antibióticos, expone el especialista, no es solamente cuestión de un exceso, sino que se ramifica en un problema de cuatro patas que debe atajarse de manera adecuada y no simplemente haciendo una lectua plana de los datos: los estudios comparativos pueden ayudar a ponernos sobre la pista de la existencia de un problema, por exceso o defecto, y hacernos reflexionar a la hora de consultar con nuestro médico, pero eso no significa que tengamos que descartar los medicamentos de entrada. Lo importante es hacer una valoración de la situación del niño, contemplar las distintas opciones y elegir el tratamiento más adecuado.

Para entender el por qué del consumo elevado de antibióticos en España hay que empezar por asumir que sí, existe un exceso de prescripciones, que queda en evidencia con los datos del estudio valenciano y que confirman los pediatras. Empezando por las recetas que se expiden para curar lo que no es. "Veo muchos niños que toman antibióticos en infecciones virales para las que son inútiles". Estas prescripciones son erróneas o bien "porque la prescripción es 'discutible', lo que se conoce como medicina defensiva", o bien porque el medicamento se receta por presión de la propia familia que lo pide. "Medicina defensiva de nuevo", puntualiza el pediatra.

Además, estarían las recetas inadecuadas que bordean con un uso discutible de los medicamentos. "A veces se usan antibióticos a sabiendas de que tienen un alto índice de resistencias, simplemente porque lo recomiendan las guías de prescripción hechas con un criterio económico, y luego necesitan una prescripción nueva. Lo que hace que el niño tome dos antibióticos para un sólo proceso". No podemos ir a los antibióticos más potentes de entrada, explica el doctor Garrido, porque los iría inutilizando en el futuro. "Como en todo, equilibrios", sentencia.

En tercer lugar están los casos en los que no se prescribe el antibiótico a pesar de que sí sea necesario. "Que tengamos un índice alto no quiere decir que los pediatras que recetan de menos lo estén haciendo bien. Es muy fácil atacar la prescripción como un simple gasto farmacéutico". Los antibióticos son un medicamento altamente eficaz y puede resultar imprescindible en el tratamiento de ciertas infecciones, que, de no ser tratadas de la manera correcta, pueden derivar en complicaciones graves. "Una otitis puede evolucionar a mastoiditis y meningitis y costar la vida del niño solamente por no haber tomado antibiótico".

Por último, explica el doctor, es fundamental cuando recetamos un antibiótico hacer insistencia en la necesidad de usar probióticos asociados a su consumo. Uno de los primeros antibióticos comercializados en el mundo fue la penicilina, y desde entonces casi todos siguen la misma formulación: son medicamentos derivados de un organismo vivo (aunque también los hay sintéticos), que sirven para combatir infecciones. Los probióticos por su parte son microoorganismos vivos presentes en determinados alimentos (el más famoso es el yogur, pero no es el único), que permanecen vivos en el intestino y ayudan a equilibrar la flora intestinal. Por eso es recomendable consumirlos a la vez que un medicamento potente como pueda ser un antibiótico. "Los probióticos son esenciales para evitar problemas por alteraciones de la flora intestinal; problemas que, se está demostrando, tienen una mayor importancia en la evolución de patologías crónicas".

¿Cuál es la solución al cuádruple problema de los antibióticos? ¿Tenemos que pedir menos en la consulta con el médico? "Si el debate generado por el informe acaba en la imposición de criterios de prescripción a los profesionales, lo sentiré por el paciente", explica el doctor Garrido. "Si sirve para que los pacientes no pidan el antibiótico y el profesional no lo prescriba nunca sin una causa justificada, genial".

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