¿Qué es y por qué es tan peligrosa la placenta acreta?

Aunque no es una condición frecuente, Kim Kardashian la sufrió en sus dos embarazos convirtiéndolos en embarazos de riesgo

Cuando Kim Kardashian ha hablado públicamente de sus embarazos, la experiencia de la socialité ha distado mucho de ser idílica, al menos en sus propias palabras: además de la preeclampsia, la estrella de televisión sufrió durante el parto placenta acreta no diagnosticada, una condición médica relacionada con el embarazo menos conocida que la preeclampsia, pero que puede resultar igualmente peligrosa y derivar en una hemorragia nada más dar a luz. Hoy en día los avances en salud maternal permiten detectar estas condiciones a tiempo en muchos casos, y prevenir que vayan a más cuando llega el momento.

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La placenta acreta es a la vez un término genérico de esta condición que afecta a la placenta, así como el primer estadio de la misma. La teoría: la placenta es incapaz de desprenderse de la pared del útero porque se ha adherido anormalmente al mismo con mucha firmeza, y por tanto impide el que podamos empujarla hacia el canal de parto y expulsarla. Cuando las vellosidades de la placenta se adhieren al miometrio con la suficiente firmeza como para no poder desprederse por sí misma, se denomina placenta acreta y requiere de la intervención del obstetra. Si se adhiere con mucha fuerza se denomina placenta increta. Y si crece a través del útero, invadiendo todo el espesor del miometrio hasta el punto de afectar a algunos organos cercanos, se denomina placenta percreta.

El crecimiento anormal de la placenta no es frecuente. "La frecuencia es de unos tres casos por cada 1000 embarazos, pero como normalmente se desarrolla sobre una cicatriz previa, por ejemplo tras una cesárea, estos datos podrían estar en aumento", explica el doctor Félix Lugo, especialista en ginecología y obstetricia en la clínica Mi Tres Torres de Barcelona. "De cada cien casos, 80 corresponden a placentas acretas propiamente dichas, quince serían incretas y cinco se coresponderían a las placentas percretas".

¿CÓMO PODEMOS DARNOS CUENTA?

Uno de los síntomas que puede presentarse cuando existe un caso de crecimiento anormal de la placenta es el sangrado durante el embarazo. En los casos de placenta percreta que crece hasta afectar a la vejiga, la mamá puede presentar además síntomas urinarios como ardor, dolor, escozor e incluso sangre en la orina.

"Lo mas importante es la sospecha durante la valoración de rutina, sobre todo en pacientes con historia de una o múltiples cesáreas, cirugías uterinas tipo miomectomía, el haber tenido placenta previa (cuando la placenta obstruye el canal de salida del bebé) o placenta acreta en embarazos anteriores, o presentar placenta previa en el embarazo actual." La placenta acreta suele disgnosticarse a través de una ecografía, y por tanto puede verse en una revisión rutinaria. "Y si existe alguna duda, se puede complementar el diagnóstico con el uso de una resonancia magnética nuclear".

A pesar de todo, existen casos de placenta acreta que durante el control prenatal pasan desapercibidas y que son diagnósticadas durante el parto, después de nacer el bebé y cuando nos damos cuenta que no podemos expulsar la placenta. "En estos casos se debe revisar meticulosamente la cavidad uterina y tomar todas las medidas necesarias para prevenir y tratar hemorragias". Si no tenemos constancia de que la placenta se ha adherido lo bastante como para no poder desprenderse por sí misma, durante el parto puede haber dificultad para la extracción de la placenta, inversión uterina e inlcuso sangrado mas abundante de lo normal.

¿CAMBIA EL PLAN DE PARTO CON UNA PLACENTA ACRETA?

La placenta acreta convierte un embarazo en un embarazo de riesgo por elevar el peligro de hemorragias durante el parto. Es decir, el alumbramiento debe planificarse de manera distinta y es recomendable no optar por algunas opciones de parto menos medicadas, como el parto en el agua.

"Si se establece el diagnóstico durante el embarazo, por norma general se debe cumplir con un protocolo que garantice el bienestar materno fetal", explica el doctor. "Si el grado de invasión es muy alto, normalmente se opta por resolver el embarazo con una cesárea electiva, con reserva de sangre y bajo la supervisión de un equipo médico multidisciplinar, capaz de manejar hemorragias masivas". Además, se debe informar a las mamás sobre los riesgos y señales de alerta a tener en cuenta en el último trimestre, para poder actuar de forma rápida y eficiente frente a cualquier complicación que pueda surgir. "Por ejemplo, hemorragias durante el embarazo, dolor abdominal fuerte o sufrimiento fetal, entre otras".

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