El corte de digestión y otros mitos de la alimentación de los 'peques' en verano

El miedo a un 'corte de digestión' es en realidad el miedo a que se produzca una hidrocución, es decir, que la temperatura corporal cambie de manera brusca al entrar en contacto con el agua fría

''Y no te metas en el agua hasta dos horas despues de comer'! O incluso dos horas y media, para los más precavidos. El temor por el archiconocido corte de digestión ha pasado de padres a hijos durante generaciones, y aún hoy puede escucharse en las piscinas y playas españolas. Pero, ¿qué hay de cierto en ello? ¿Es verdad que puede 'cortarse' la digestión si los niños se bañan inmediatamente después de comer?

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"La digestión no se corta", explica la doctora y experta en medicina familiar Ana Bellón. "Es el primero de los grandes mitos asociados al verano y la salud". Según explica, la digestión es en realidad un proceso que no se detiene y que, además, se prolonga mucho más allá de las dos horas con las normalmente se subraya la cantinela del famoso corte de digestión, pudiendo durar entre diez horas y dos días dependiendo de lo que se haya ingerido, de la naturaleza misma de los alimentos y de las intolerancias de quien los ingiere.

"Es una de las mayores 'torturas' que los niños de varias generaciones de españoles venimos recordando cada verano. Y de la que probablemente muchos se habrían librado con algo más de información". Este miedo heredado a que se corte la digestión es en realidad un miedo a que se produzca una hidrocución, o lo que es lo mismo, un shock producido por el cambio brusco en la temperatura corporal, y que nada tiene que ver con el proceso digestivo

"Ocurre si introducimos un cambio brusco de temperatura en el cuerpo, ya sea de frío o calor. En el caso del baño, cuando el agua es fría, el síncope de hidrocución es la súbita pérdida de conocimiento como consecuencia del repentino impacto con el agua". Es decir, que el famoso 'corte' se puede producir tanto por un exceso de frío como de calor, y tiene más que ver con las horas que pasemos al sol antes de meternos en el agua que con la hora en que hayamos terminado de comer. "Cualquier deporte que nos acalore después de comer puede producir el famoso e inexistente 'corte de digestión'. No hace falta bañarse para ser víctima de un desmayo: practicar el ciclismo o el running en plena digestión supone un grave peligro".

El síncope por zambullida no es demasiado frecuente, aunque sí peligroso, ya que puede provocar un paro cardíaco. "La hidrocuación se puede producir cuando, tras estar tiempo al sol, te zambulles rápidamente en un agua demasiado fría. Ese cambio de temperatura hace que se pueda parar el corazón y por tanto te ahogues. Metiéndonos poco a poco en el agua y dándonos una ducha antes de entrar lo evitaremos". Esto también cuenta si por ejemplo venimos de hacer deporte y nos mojamos rápido y en agua fría. "Pero siempre que nos metemos poco a poco en el agua no tenemos porque esperar dos horas después comer".

OTROS MITOS DE LA ALIMENTACIÓN EN VERANO

El corte de digestión no es el único mito mal entendido que afecta a la alimentación de los más pequeños en verano. Repasamos con la directora de la clínica Bellón algunos de los más comunes:

MITO 1. Cuando tienen indigestión o gastroenteritis es mejor darles pescado a la plancha o tortilla francesa

No necesariamente. Según la doctora, en el caso del huevo la propia coagulación de la yema hace que este alimento sea más difícil de tolerar; en los pescados tampoco valen todos: aunque el azul es una alternativa beneficiosa para la salud, también suele ser muy dado a producir ciertas intolerancias. Algunas alternativas que podemos dar a los niños: "si no quieren comer por una gastroenteritis es mejor no forzarles, pero sí darles de beber; zumos naturales, licuados, agua de limón o suero fisiológico. Si tienen ganas de comer, es preferible elegir arroz, patata y zanahoria cocida, o papilla suave de harina de maíz; siempre y cuando sea únicamente indigestión y no presenten diarrea".

MITO 2: Los helados ayudan a hacer la digestión

Aunque no todos los helados son iguales (¿has pasado ya el test de los helados saludables?), en copa, en cucurucho o en palo, todos tienen un gran aporte calórico y un alto contenido en en grasas y azúcares, que suelen conducir más a la pesadez y la indigestión que todo lo contrario.

"Los helados son recomendables es verano porque refrescan, pero si los niños van a tomarlos de postre es mejor que sean de hielo antes que industriales, porque tienen nata o leche que van a retardar la digestion además de aumentar las calorías. A media mañana o en la merienda se puede tomar un helado con leche y sería la única colación".

MITO 3: Las bebidas frías nos sientan mal

"No es cierto", asegura la doctora Bellón. En verano necesitamos las bebidas frías para regular nuestra temperatura corporal y, además, nos hidratan. Lo que si pueden producir es diarrea, especialmente el zumo de naranja en ayunas que a veces ofrecemos a los niños con el desayuno. Las naranjas líquidas con el estómago vacío, explica la doctora, inducen al vaciado brusco de la vesícula biliar, que puede ir acompañado de dolor abdominal, malestar general, pesadez y sensación de indigestión.

MITO 4: Las siestas son para el verano

Tiene su lógica que queramos echarnos la siesta en familia durante el verano: al fin y al cabo, es bien sabido que es mejor evitar estar al sol en las horas centrales del día. Sin embargo, desde el punto de vista digestivo la siesta veraniega no siempre es lo más adecuado. "Que después de una buena comida y del baño nos apetezca dormir no quiere decir que sea lo mejor para la digestión", explica la doctora. "La posición horizontal y el calor no la favorecen, y no son pocas las veces que nos levantamos sudando y muy pesados".

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