Cuando los niños (y mayores) están enganchados a 'Pokémon Go'

Acordarse de que lo importante no es cazar Pokémon lo más rápido posible sino cruzar la calle con cuidado es una de las advertencias en seguridad vial que ha acompañado al lanzamiento digital de la temporada

¿Recuerdas la 'búsqueda del tesoro'? Pues precisamente eso es lo que tiene ahora mismo enganchado a medio planeta, aunque en vez de tesoros lo que se busca es 'cazar' Pokémon, es decir, pequeñas criaturas virtuales inspiradas en la serie de televisión del mismo nombre y el videojuego original de los años 90. Pokémon Go es la sensación de la temporada, y promete serlo de todo el año, con un éxito transgeneracional sólo comparable a Candy Crush.

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Este juego de realidad aumentada permite utlizar el teléfono móvil para 'ver' Pokémon escondidos en el mundo real: basta con apuntar la cámara a nuestro alrededor, y consultar los mapas de nuestra ciudad, para ver dónde están escondidas estas criaturas. Pueden encontrarse en el salón de casa, en la oficina, en el jardín, la playa o incluso en el interior de un museo. Es decir, hoy por hoy, con el 'furor Pokémon' parece casi imposible irse de vacaciones y que no tengamos que pararnos capturar algún que otro Pokémon.

La fiebre por la caza de estos seres digitales ha sacado a la calle lo mismo a niños que adolescentes y millenials. El juego ya ha dado lugar a situaciones inverosímiles y escenas rocambolescas: en Nueva Zelanda, un joven de 24 años abandonaba hace unos días su empleo para dedicarse a recorrer el país en busca de todos los Pokémon posibles. Algunos jugadores se valen de drones para localizar Pokémon desde las alturas. Y hace unos días, en Central Park, en Nueva York, se vivían escenas insólitas (fielmente recogidas en vídeos de YouTube), al aparecer en plena noche un Vaporeon, una variante de Pokémon especialmente esquiva, con la consecuente estampida de decenas de viandantes que se lanzaban a intentar capturarlo.

Con esta perspectiva es normal que las autoridades de algunos países hayan lanzado algunas advertencias de seguridad cuando se cumplen apenas un par de semanas desde el lanzamiento del juego (en España se estrenó oficialmente el pasado 15 de julio). Sobre todo teniendo en cuenta que, independientemente de dónde estemos y lo que estemos haciendo, la App calcula la distancia a la que estamos de un ejemplar mediante el GPS del teléfono, y envía un aviso cada vez que nos encontramos cerca de un Pokémon. Eso, y que para capturarlos se hace necesario mirar a nuestro alrededor a través de la pantalla del móvil.

A pesar de todo, el juego está recibiendo críticas positivas de todo el mundo: al contrario que la gran mayoría de videojuegos (excepto quizá los de la videoconsola Wii de Nintendo), Pokémon Go anima a moverse, salir a la calle e incluso explorar sitios nuevos, ahora reconvertidos en Pokespots. El problema, claro, es la manera en que lo hacemos: tal y como explicaban estos días desde el Instituto Nacional de Ciberseguridad, la geolocalización puede transformarse en un problema de seguridad si para cazar un Pokémon tenemos que cruzar la calle y a la vez mirar la pantalla. Pueden darse casos en los que nos saltemos las normas de seguridad vial, muy especialmente si quienes juegan son niños pequeños.

Entre los primeros países en elaborar una advertencia siguiendo este hilo se encuentra Australia, que ya lanzó un mensaje a través del perfil oficial del sus servicios de emergencia en Facebook al poco de hacer oficial la descarga del juego: "Es buena idea mirar hacia arriba y ambos lados de la calle en vez de al teléfono antes de cruzar. Ese Sandshrew no se va a ir a ningún lado". Sandshrew es, claro, un tipo de Pokémon. En España, la Policía Nacional ha recomendado desde Twitter hacer un uso responsable de los juegos de realidad aumentada estando siempre atentos a los pasos de peatones, semáforos, vehículos y mobiliario urbano, y teniendo cuidado incluso si nos cruzamos con un tipo de Pokémon muy codiciado: hay que respetar siempre las señales de tráfico y no invadir propiedades privadas; además, el cuerpo recuerda en su 'tuit' que el código de circulación prohibe (no expresamente, claro) atrapar Pokémon mientras se conduce o se monta en bici.

Es decir, no se trata tanto de que el juego en sí sea peligroso (dejando al margen el nivel de adicción del que ya han dejado testimonio algunos jugadores en redes sociales), si no de tener cuidado mientras se juega y, sobre todo, de advertir a los niños que lo importante no es capturar Pokémon lo más rápido posible, sino hacerlo con seguridad.

¿Y QUÉ SUCEDE CON LA CIBERSEGURIDAD?

Como en otros juegos online, la desprotección a la que están expuestos los menores engrosa los peligros que acechan a niños y adolescentes en términos de ciberseguridad y ciberacoso. Empezando por la necesidad de minimizar estos riesgos descargando siempre el juego por vías legales (en España Pokémon Go ha llegado más tarde que a otros países, de ahí la preocupación por que existan versiones 'pirata' en circulación), ya que la versión oficial cuenta con una serie de garantías de las que carecen otras, y además permite instalar un control parental.

Ante esta nueva forma de entender el gaming, desde Always On, una compañía especializada en servicios tecnológicos, explican algunas cosas que debemos tener en cuenta cada vez que tendemos el smartphone a los 'peques' para jugar a éste u otros juegos:

1. Cesión de datos. A pesar de que el desarrollador del juego ha actualizado recientemente las versiones de descarga, algunas quejas alertaban que Pokémon Go podía acceder a todos los datos de Google de los usuarios; a día de hoy aún existe la posibilidad de instalar el videojuego a través de este sistema, de forma que toda la información personal de un menor o parte importante de ella puede quedar expuesta de forma pública en la red.

2. Geolocalización. El juego utiliza un sistema de localización vía satélite, lo que permite a todos los usuarios tener una ubicación exacta de donde se encuentra un determinado menor en todo momento. Esta localización, junto con la cesión de datos, multiplica la vulnerabilidad de los menores no solo a nivel digital, sino también en el mundo real.

3. Conexión pública. Como el videojuego está ideado para moverse en la calle, jugar fuera de casa incrementa el riesgo de estar conectado a una red wifi pública. Los smartphones, en especial los de los menores, están llenos de información muy personal, de forma que una conexión de este tipo implica ceder todos los datos al domino público y permite a los hackers el acceso a fotografías, mensajes, contraseñas de redes sociales e incluso de tarjetas de pago, así como otros datos sensibles que se guardan en el teléfono.

4. Facilidad en los pagos. A pesar de que el juego es de descarga e instalación gratuitas, durante el desarrollo del mismo existe la posibilidad de efectuar pagos reales para conseguir ventajas, superar retos y avanzar más rápidamente en cada nivel. La forma de realizar estas transacciones es muy sencilla, introduciendo la contraseña de la Apple Store o Google Play, por lo que es importante desactivar la forma de pago predefinida.

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