Los 10 principales errores en la alimentación infantil

Es importante recordar que el niño no es un adulto en pequeño, sino que su organismo está en plena fase de crecimiento y desarrollo, recuerdan desde el primer 'Libro Blanco' de la alimentación infantil en España

Según la Organización Mundial de la Salud, seis de los siete factores que desempeñan un papel determinante en la salud están ligados a la alimentación y al ejercicio. Tanto una como el otro se aprenden a lo largo de toda la vida, aunque es en los primeros años cuando se presenta el mejor momento para crear hábitos que duren hasta que los niños se hagan mayores, y a lo largo de toda la edad adulta. Es decir, enseñando a los 'peques' a comer bien y a hacer deporte, podemos invertir de manera directa en su salud en el futuro, simplemente por el hecho de inculcar hábitos que ayuden a prevenir algunas de las enfermedades propias de la edad adulta.

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La alimentación del niño hasta los tres años es clave para su salud nutricional, explican en el primer Libro Blanco de la Nutrición Infantil que se ha editado en España, y que está impulsado por la Cátedra Ordesa de Nutrición Infantil, aedmás de la Asociación Española de Pediatría, la Fundación Española de Nutrición y el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos. En esta etapa, dicen, es en la que se empiezan a establecer los hábitos alimentarios que se mantienen durante la infancia, y que garantizan un crecimiento y desarrollo adecuados. Ya la nutrición pre y posnatal condiciona la salud a largo plazo, incluidas la prevención de la obesidad, el asma o la hipertensión. La obesidad infantil y juvenil centra precisamente gran parte del discurso, ya que las tasas de sobrepeso en la población más joven no han parado de crecer en los últimos años; una tendencia que, apuntan, va ligada al hecho de que la dieta de los niños se ha ido alejando cada vez más del patrón de dieta mediterránea en favor del modelo occidentalizado.

En la infancia la dieta ha de ser equilibrada y se debe adaptar al ritmo de crecimiento de cada niño, un proceso que comienza con la lactancia materna, considerada la nutrición prioritaria y más recomendable en los primeros seis meses de vida, y a veces incluso hasta después del primer año. La alimentación complementaria debe introducirse cuando se cumplen esos primeros seis meses: éste es uno de los momentos clave para establecer las preferencias alimentarias y educar el gusto de los más pequeños.

Los 10 principales errores en la alimentación infantil

1. Los niños a menudo ingieren demasiadas calorías, la mayoría procedentes de grasas saturadas.

2. Consumo excesivo de proteínas de origen animal, carnes grasas y embutidos.

3. Excesiva ingesta de alimentos muy energéticos y de azúcares simples.

4. Consumo alto de alimentos manufacturados, comida rápida o bollería.

5. Tomar demasiada sal con las comidas, incluida la que está 'escondida', por ejemplo en las conservas.

6. Dietas con pocos cereales integrales, frutas, verduras, legumbres, pescados y lácteos bajos en grasas.

7. Aporte insuficiente de fibra, calcio, vitamina D, hierro, selenio, zinc.

8. Beber poca agua frente a un alto consumo de bebidas azucaradas, como por ejemplo los refrescos o los zumos industriales.

9. Un desayuno insuficiente, que no cubre las necesidades energéticas para una jornada llena de clases, deportes, actividades extraescolares y deberes.

10. Raciones excesivamente grandes.

Una dieta con cantidad de cereales, verduras, frutas, legumbres, pescado y aceite de oliva debe tener preferencia por encima de una alimentación rica en grasas saturadas, azúcares refinados, bebidas azucaradas, snacks y con horarios desordenados. Algunas de las principales recomendaciones para que los 'peques' se adhieran a unas rutinas alimentarias más saludables empezarían por realizar cinco comidas al día y disminuir el tamaño de las raciones, comenzando por un desayuno variado y equilibrado; el desayuno es fundamental para rendir física e intelectualmente en el 'cole', y debe incluir lácteos, cereales y fruta o zumos de fruta fresca. También se puede complementar con proteínas como huevos o jamón.

No hay que olvidarse de que las frutas y verduras son esenciales, respetando las cinco raciones diarias, aumentando también el consumo de cereales integrales para conseguir un aporte adecuado de fibra. El pescado es una de las fuentes de proteína y ácidos grasos más recomendables, especialmente si se preparan de manera sana, evitando las grasas, como por ejemplo al vapor, a la plancha, en el horno o en guisos; el pescado debería servirse a menudo que otras fuentes de proteína animal como las carnes con grasas visibles o piel, y los embutidos grasos.

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