Nori West, una simpática bailarina de ballet... ¡y claqué!

La hija de Kanye West y Kim Kardahian lleva varios meses apuntada a clases de baile y piano

¿Qué hacer cuando papá es una estrella de la música y mamá la socialité más famosa del mundo? Nori West lo tiene claro: sacarle el máximo partido al talento desde bien prontito. O si no ella, al menos sí su madre, Kim Kardashian: la televisiva estrella lleva varios meses llevando puntualmente a la pequeña North, que en dos semanas cumple dos años, a clases de baile. Ya el pasado febrero, la socialité compartía en redes sociales un par de imágenes de la princesa de la familia vestida con un maillot, leotardos y tutú de color negro, y más tarde, otra instantánea con Nori sentada al piano.

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Un esfuerzo, el de Kim Kardashian y Kanye West, por encontrar las habilidades artísticas de su hija desde bebé, quizá siguiendo los pasos del rapero en la música, y también en la moda. De hecho, y tal y como quedaba claro esta misma semana, Nori parece estar aprendiendo, no solamente ballet, sino también claqué o tap-dance: una disciplina de baile que requiere de muchísima práctica y coordinación, y que se baila con unos zapatos especiales, con 'tapas' de metal en la suela. La pequeña está apuntada al salón de baile de Miss Melodee, que cuenta con clases especializadas para niños a partir de un año, y hace unos días se dejaba ver a las puertas del estudio con un look mamá e hija de lo más cool: mientras que la estrella vestía un conjunto rockero con pantalon pitillo y biker de cuero en color negro, Nori hacía lo propio con un tutú de color blanco y la chaqueta de Balmain customizada por la firma para ella, además del clásico moñito en el pelo de las bailarinas de ballet. Un conjunto que entra directamente a la lista con los mejores looks de la pequeña.

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La música, ya sea en forma de clases de baile o solfeo, es uno de los pilares de la educación infantil. De ahí que suela protagonizar un buen número de los programas y actividades extraescolares que se ofrecen a los niños fuera del colegio, cuando terminan las clases, y que parten de una búsqueda para ampliar la expresión y la capacidad creativa de los niños, potenciando de paso la inteligencia emocional y el desarrollo auditivo y cognoscitivo. Así nos lo explicaba hace unos años el violinista Ara Malikian durante una entrevista, y quien entonces ya definía que "lo más importante cuando se pretende inculcar el gusto por la música" a una edad temprana es "presentarla como un juego", más allá que un ejercicio de repetición de escalas y arpegios.

Aunque los 18 meses de edad con los que North West ha comenzado a desarrollar estos talentos parezcan un poco prematuros, lo cierto es que se puede enseñar a educar el oído ya desde el embarazo, haciendo de la música una herramienta excepcional para promover la comunicación con los más pequeños. De hecho, y en palabras de Ignacio Gómez Peña, maestro especializado en educación musical, la música cuenta con innumerables beneficios, y puede ayudar a la adquisición de vocabulario "a partir de la repetición constante de las rimas musicales”. De ahí las estructuras repetitivas que muchas veces se dan en las canciones infantiles, pensadas para ayudar a los 'peques' más chiquitines a memorizar sonidos y sílabas.

Eso sí: excepto en contadas excepciones, la relación de los bebés con la música, especialmente con algo tan complejo como el baile o el piano, puede no dar sus frutos hasta pasados unos años, siendo aconsejable retrasar las clases profesionales hasta los 3 o 5 años, especialmente si se trata de tocar instrumentos que requieren que los niños tengan las manitas un poco más grandes. El piano, por ejemplo, requiere de mucha concentración y coordinación de los dedos, aunque la propia técnica de aprendizaje resulta algo menos compleja que la de la guitarra, que requiere de una mayor destreza motora, y de ahí que resulte ideal para introducir a los niños al universo de los instrumentos musicales. En lo que respecta a las clases de baile a edades tempranas, es importante tener en cuenta que estas clases deben potenciar los aspectos colaterales de la danza, y no tanto los pasos o la eficacia de los mismos. Una clase de ballet o claqué para niños o niñas debe ser sobre todo divertida, y centrarse en cosas como la coordinación, la socialización o el hecho de inculcar a los niños el hacer ejercicio de manera regular y sobre todo divertida.

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