3, 2, 1: Consejos para mejorar el sueño de los bebés

Establecer una rutina del sueño es clave tanto en los primeros tres meses del bebé, como una vez cumplido el año y medio

De las cosas más difíciles de asimilar cuando un nuevo bebé llega a casa es el patrón del sueño del recién nacido, que rápidamente se convierte en el factor determinante de cómo vamos a organizar nuestro día, las horas en las que vamos a dormir y comer, y, en definitiva, la mala cara que tendremos durante unos meses. Desde las primeras semanas, y hasta que se cumplen al menos los primeros tres meses, todo gira en torno a los horarios del 'peque', y no es a hasta que han pasado esas doce semanas que las noches comienzan a ser un poquito más largas, con tomas nocturnas menos frecuentes, y siestas más regulares durante el día. Importante, eso sí, para evitar frustraciones, es tener en mente que no todos los niños son iguales, y muchos no consiguen regularizar el sueño hasta cumplido el primer año -entendiendo como 'sueño regular' el que el bebé pueda dormir toda la noche, sin despertarse ni llorar.

Los 'trucos' para regular el sueño de los bebés recién nacidos varían mucho de unas familias a otras, aunque si hay algo en lo que la mayoría de expertos coinciden es que la consistencia es clave. La gran mayoría de padres comienzan con los básicos, que consisten en crear un ambiente relajado previo a la hora de irse a dormir -de ahí la existencia de las luces para la habitación del bebé, que deben ser preferiblemente de color azul en lugar de amarillo o blanco, además de las nanas o los hilos musicales muy suaves, que también sirven para relajar al bebé, siempre y cuando se apaguen antes de irse a dormir-, bajando de paso el tono de nuestra voz. Es precisamente el tono constante en la voz de la mamá o el papá lo que más y mejor puede inducir a los más pequeños de la familia a un sueño rápido, especialmente si se acompaña de un suave vaivén: hace un par de años, dos papás primerizos ponían a prueba su propia técnica Oompa Loompa, que se convertía en uno de los vídeos virales sobre bebés más populares de los últimos años al conseguir inducir el sueño en un recién nacido en cuestión de minutos.

Un consejo habitual para las familias recién estrenadas es dejar poco a poco que los niños se acostumbren a quedarse dormidos en su propia cuna y no en nuestros brazos, colocándoles en el interior de la misma un poquito antes de que se queden dormidos, en cuanto detectemos cualquier signo de cansancio o sueño, como bostezos, frotarse la cara u ojitos caídos. La habitación del bebé debe mantener una temperatura constante y templada, no demasiado cálida, con una luz tenue que debe mantenerse baja también durante las tomas nocturnas, que se recomienda se lleven a cabo mientras hablamos al bebé suavemente, en voz callada y sin interrupciones. La luz es igualmente importante durante el día, sobre todo si queremos que el niñor regularice el sueño de forma paulatina: las siestas de día es mejor llevarlas a cabo en una habitación más iluminada que donde se lleva a cabo el sueño nocturno, cambiando si es posible el entorno, por ejemplo, en un moisés en lugar de la cunita, y dejando que el bebé escuche algunos ruidos naturales, como el teléfono, el timbre de la puerta o nuestros pasos por la casa.

Una vez los niños sobrepasan la barrera del año y medio, los períodos del sueño se reducen y es normal que pasen de siete u ocho a lo largo del día, a una única siesta por la tarde: estar atentos a sus rutinas sigue siendo prioritario (aunque ahora los papás y mamás consigan dormir más horas cada noche), ya que es precisamente en estos primeros años cuando los 'peques' establecen sus propios ciclos y necesidades a la hora de irse a la cama, así como los malos hábitos que pueden mantenerse durante parte de la infancia si no se llevan a cabo de la manera correcta. Algunos consejos para 'sobrevivir' a esta etapa: mantener una rutina precisa, con una hora de irse a la cama igual para todos los días de la semana, y reducir el tiempo de antes de irse a la cama al mínimo, sin que supere los veinte minutos, y repitiendo siempre de las mismas actividades; por ejemplo, lavarse los dientes, ponerse el pijama y dar el beso de buenas noches.

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