Emocionada entrevista a Junior tras la muerte de Rocío Dúrcal

En la casa tan sólo está él y, sin embargo, todo lo llena la ausencia de ella. Incluso más que cuando estaba presente los últimos meses, con Antonio y sus hijos mimándola y colmándola de cariño, ya en vísperas del definitivo viaje que emprendió hace dos semanas, exactamente en el atardecer del primer sábado de primavera.

Marieta se fue pero sigue aquí. Está en cada rincón y al lado de cada mueble que ella colocó; en cada retrato familiar y en cada detalle; detrás de cada visillo y de cada puerta. Y también en el fondo de las copas que, año tras año, los dos levantaban para celebrar el día en que se conocieron. Y es que hay personas que nunca se van por mucho que nos hayan dicho adiós ya que su huella-hecha de entrega, de amor, de sonrisas, de pequeños detalles y alma a flor de piel- se convierte en imborrable.

El hombre que está ante nosotros, Antonio Morales "Junior", es un hombre roto. Un hombre derrumbado de dolor. Sin embargo, sigue en pie, sigue vivo aunque no ignora que de dolor también se puede morir. Está ante nosotros y, a la vez, como embarcado en una marea de desolación que, por momentos, parece mantenerlo en una nube de aturdimiento. O en una nave en peligro de zozobra.

Él, mucho más que nosotros, sabe que, aunque se ha quedado vacía, la casa sigue llena de ella, haciéndose así realidad el verso de uno de los "Veinte poemas de amor y una canción desesperada" de Pablo Neruda":" Todo lo llenas tú, todo lo llenas". Y es también como si Júnior, con versos del mismo libro, le quisiera decir hoy a Marieta": Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme./ Sígueme, compañera, en esta ola de angustia". O, le repitiera los primeros versos de la "canción desesperada"": Emerge tu recuerdo en la noche en que estoy./El río anuda al mar su lamento obstinado"... Y "abandonado como los muelles en el alba", sin duda podría afirmar también ahora: "Puedo escribir los versos más tristes esta noche".

En esta entrevista, cada respuesta de Antonio es un pequeño racimo de temblorosas palabras que brotan de sus labios, salpicadas de lágrimas y envueltas en el dolor que, por momentos, le hace un nudo en la garganta. Pero, a pesar de todo, él quiere con ellas rendirle un homenaje a Marieta, quiere decirle al público lo que ella fue para él.

Así fue, tal cual, la conversación con Júnior, entre borbotones de sentimientos y sensaciones. Aunque en algún momento las palabras puedan parecer inconexas, lo cierto es que salen de su boca como cosidas por las lágrimas. O como perfectamente engarzadas en el hilo del dolor con que las pronuncia.

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