Julio Iglesias posa por primera vez junto a Miranda y sus hijos

—No obstante, en el año del «Quijote», y a ti, que has hecho una de tus canciones más universales sobre él, te pregunto si lo has leído, arriesgándome a que me digas que no.
—Pues sí, lo he leído; más veces que muchos, más de veinte veces, porque era un libro de texto en mi reválida y porque, se puede decir, es un libro obligatorio; tanto es así, que un español que no ha leído «El Quijote » no es un español del todo.
—Estamos en los grandes temas, hablamos de la depresión que en dos o tres ocasiones apareció en tu vida...
—Las he tenido, claro que sí, pero siempre saliendo de ellas, incluso en las que pensaba que me iba a morir.
—En fin, ¿la muerte te ocupa o te preocupa?
—No, no me preocupa. Yo sólo veo la muerte como un largo paseo y punto, pero no pienso en ella.
—Un largo paseo al final del cual... ¿qué hay?
—Entramos en el terreno de la fe. La verdad es que tengo que aprender a creer en algo, porque no he tenido la suerte de creer en un más allá; sin embargo, aunque no me haya caído del caballo, como San Pablo, creo en Dios.

La política le interesa, y mucho. Ha conocido a los grandes que rigen los destinos del mundo y los ha conocido de cerca. Cree —me confiesa— menos en los partidos políticos que en las personas. Le preocupa, a él, que tanto sabe de vino, el problema del agua. Ama hablar de España, y cuando lo hace, que es casi siempre, lo hace con los cinco sentidos.
—También tenemos que hablar de tus hijos. Defínemelos, por favor, en pocas palabras. Sé que no es fácil,pero a ti te gusta la frase corta y el contenido largo. Chábeli.
—Asentada.
—Enrique.
—Genio y figura.
—Julio José.
—Muy generoso.
—Ahora, de tus hijos pequeños, los últimos, los que juegan ahora en el recreo ahí fuera.
—Aún no los conozco lo suficiente, pero tienen la suerte de que tienen el cariño de su madre y de su padre, como todos los niños.
—La gente dice, cuando los ve en las fotos, que son todos muy guapos...
—Esas cosas sólo dependen de Dios; la vida ha sido muy generosa con nosotros y con ellos, porque han nacido del cariño.
—¿Y te preocupa el futuro de tus hijos?
—Me preocupa más que nada el cómo voy a estar yo cuando mis hijos empiecen a pensar en el futuro.
—Tu voz. Hablemos de tu voz.
—Yo no voy a perder la voz antes que la vida. Lo que sí te puedo decir es que ya no puedo decir como antes aquello de «abrázame...», que decía mi canción.

En unos días cantará en Portugal, en Francia, en Dubay, en Estados Unidos, de julio a octubre. Más tarde, el disco francés que va a salir en unos días, que se llamará, se llama «L’homme qui je suis» («El hombre que soy»), con autores grandes franceses.
—¿Pero quién eres de verdad, Julio Iglesias?
—Soy el mismo de los cuarenta y de los cincuenta; el título parece como un epitafio del hombre que fui, pero soy un hombre que está vivo y con más ganas de vivir que nunca. Alguien a quien le importa dejar las cosas bien controladas, bien establecidas, bien escritas; que no las hagan después a su gusto, sino al mío, porque a los hijos hay que dejarles en deuda, no con deudas; en deuda con la vida, con tu recuerdo. La deuda con la vida que les has dado.

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