Julio Iglesias posa por primera vez junto a Miranda y sus hijos

—Ya has cumplido los sesenta, Julio.
—La verdad es que es una edad que empieza a sonar regular, digo, cuando lo pones en un papel, pero yo no soy un hombre que rebobina; estoy pasando este momento de una manera extraordinaria: mi cabeza está más clara; mi corazón, más fuerte. Y ahora debo buscar tiempo para capitalizar lo que he hecho sin volver atrás.
—Por eso estamos aquí, en tu casa de Punta Cana, cumplidos ya los sesenta, para que me respondas a algunas cosas claves en tu vida, que no es sólo tuya, sino de tu público, de los demás. ¿Por qué has tardado tanto tiempo en hacer una entrevista?
—Ahora lo hago porque hay muchas especulaciones en los últimos años sobre mí, y porque hago pocas declaraciones, porque no me gusta contestar y, por tanto, porque no me gusta que me pregunten.
—Te pregunto: Hay un rumor que dice que tienes cáncer de próstata...
—Gracias a Dios, no. Estoy completamente sano, y cuando digo esto, radicalmente, me acuerdo mucho de mis compañeros que sufren con ese mal, y a los que ahora más que nunca quiero, respeto y admiro.
—También se dice que no tienes dinero...
Suelta una carcajada, se ríe de buena gana y mira a su alrededor. —Todo nace porque comentan que si estoy vendiendo la casa de Indian Creek... Pues es verdad, pero la vendo no porque me haga falta el dinero, sino porque para mí esa casa ya no tiene ningún significado. Miami fue muy importante para mí, pero ahora tengo otros lugares para que tanto los míos como yo disfrutemos mucho. Además, ya te he dicho que mi familia, igual que yo, tiene un espíritu muy nómada. Incluso últimamente he tenido más tiempo y me he dedicado más al mundo empresarial, a los negocios, y me va muy bien. He multiplicado los panes y los peces. Y si Dios quiere, tengo para seguir adelante mientras viva.

Respira hondo. El mar se bate dulcemente en la arena más blanca del mundo —y uno ha visto mucha arena—, al pie de los cocoteros en flor. —Además —continúa—, estamos viviendo aquí de forma muy natural; nos gustan los espacios grandes; es muy atractivo vivir rodeados de Naturaleza...
—Miranda está contenta. ¿Y los niños?
—Pues ya los has visto. Ellos están felices de la vida.
—Hablemos del amor.
—La palabra amor no existe más que en las canciones, para mí, porque el amor ¡es tan amplio en el fondo! Para mí, el amor más grande es el del público, porque si yo no canto, me muero.
—Dicen que estás donde estás porque has ido dejando mucha gente en el camino...
—Yo no he dejado a la gente en el camino; se han quedado ellos en el camino, que no es lo mismo. Mira, yo nazco dos veces, Tico. Una, en un parto, claro, pero la otra nazco en un accidente de tráfico, como todo el mundo sabe, y de resultas de aquello salgo de una paraplejía grave, que me hace forzosamente aprender a vivir de otra manera, mirando a los ojos de la gente para descubrir en ellos cosas que yo no veía con los míos, y eso ha marcado mi vida incluso hoy, que tengo siempre que echar por delante mi cerebro antes que mi cuerpo.
—¿Es por eso que tal vez siempre, o casi siempre, manda en ti tu cabeza sobre tu corazón?
—En efecto, de cada diez acciones mías, ocho son para mí cerebrales y dos del corazón.
—Oye, ¿y por qué no hay libros en las paredes de ninguna de tus casas? Has hecho siempre antes las bodegas que las bibliotecas...
—Porque el vino me ha ayudado a hablar y, sobre todo, a compartir lo que tengo con gente importante, que, además, habla mejor con el vino. Además, yo bebo muy poco y siempre acompañado; en cuanto a los libros, prefiero escuchar el libro abierto de las palabras de los hombres, aparte de que, si leo sentado, me duele, y si lo hago tumbado, todavía más...

Más sobre

Regístrate para comentar
Leer más