La fiesta de compromiso que se iba a celebrar en una mansión privada de Studio City, al noroeste de Los Ángeles, se convirtió en una boda improvisada para todo el mundo, excepto para los novios. Un mes antes de lo previsto, Britney Spears y Kevin Federline sorprendieron a todos, invitados incluídos, dándose el ‘sí quiero’ en una ceremonia que, sin embargo, no tuvo ninguna validez legal.

Los papeles necesarios para que la licencia matrimonial de la cantante y el bailarín fuera correcta no han estado listos hasta ahora. La portavoz de la artista, Nicole King, ha anunciado que el pasado jueves día 30 de septiembre, Britney y Kevin habían completado los requisitos que faltaban para hacer válida su unión. Tres semanas después, la pareja ya es un matrimonio en toda regla.

Acuerdo prenupcial
Federline explicaba esta semana que el retraso de los trámites se debía a que los abogados no tenían listo su acuerdo prenupcial. Un acuerdo que, según las leyes de California, debe firmarse en un plazo de siete días antes de la boda para que luego sea considerado válido. Puesto que los novios decidieron adelantar la boda, el acuerdo no pudo firmarse a tiempo, lo que les obligó a registrarse como matrimonio en días posteriores.

Con los trámites legales y el papeleo solucionado, Britney Spears, de 22 años, y Kevin Federline, de 26, disfrutan ya de su luna de miel en el pueblo natal de la cantante, Kentwood, Louisiana. Unos días de descanso con los que inician su vida en común, aunque aún pretenden reafirmar su unión el día 16 de octubre, el elegido inicialmente, con otra fiesta.

El compromiso con el bailarín Kevin Federline parece haber traído la felicidad a la vida de la cantante, después de su primera boda fallida con un amigo de la infancia que sólo duró unas horas. Para Kevin este es su primer enlace, aunque tiene dos hijos de una relación anterior.

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