Britney Spears acusa a Las Vegas del repentino "ataque de amor" que la llevó a contraer matrimonio, el pasado tres de enero, con Jason Alexander, un viejo amigo de la infancia que se vio, de la noche a la mañana, convertido en el flamante esposo de la diva del pop. Sin embargo, la magia y el encantamiento no iba a durar más de cincuenta y cinco horas, las mismas horas que duró uno de los matrimonio más breves de la farándula estadounidense.
Britney Spears se disculpó repetidamente por este acto inconsciente, tal como expresó el jueves 15 en un programa de la MTV: "Creo en el matrimonio como algo sagrado. De verdad que lo creo. Sin embargo, algo ocurrió en Las Vegas, que me confundió, se me fue todo de las manos y, en fin, esto es lo que ocurrió, estaba en Las Vegas, con un amigo... y...". Duditativa, sin muchas ganas de hablar del tema y realmente sorprendida por la cobertura mediática que tuvo su enlace. Por su parte, el que fuera su marido, Jason Alexander, afirmó en otros encuentros con la prensa: "Pasamos juntos el día de Año Nuevo. Estábamos en Las Vegas y pensamos: 'hagamos algo salvaje, realmente loco... así es que nos casamos".

El miedo de los abogados de Britney Spears
En cuanto la noticia de la boda se hizo pública, todos los asesores legales y financieros de la cantante temblaron asustados al imaginar cuánto iba a costar la anulación de ese matrimonio fruto de una chiquillada. Y no era para menos, porque las cifras que se estaban manejando eran más que serias. Al parecer, el jovencísimo marido de la princesa del pop podía haber reclamado la mitad de la fortuna de Britney Spears; es decir, podía embolsarse la nada desdeñable cifra de cuarenta y tres millones de euros.

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