Marta Sánchez: primeras fotografías en su casa junto a su hija y su marido, Jesús

Un parto complicado
—No fue el tuyo un parto fácil, ¿no?
—Me tuvieron que hacer una cesárea después de haber estado nueve horas dilatando. El corazón de la niña había comenzado a latir más lentamente. Me puse nerviosa, y la ginecóloga decidió intervenir, porque, además, yo estaba muy cansada y la niña sufría. Me hubiera sentido más orgullosa, de haber sido un parto natural, pero no pudo ser.

—El siguiente ya lo verás.
—Más me vale, porque no sabes lo que duele el posoperatorio de una cesárea. Se trata de una operación bastante desagradable, ya que, como estás despierta, lo vives todo.

—Sí, pero no sentías dolor alguno.
—No, porque me habían administrado anestesia epidural. No sientes dolor físico, pero notas todos los movimientos.

«Hay que ir asimilándolo poco a poco»
—La emoción de tener a tu hija en tus brazos sería el mejor de los calmantes.
—¿Sabes qué sucede? Que me pusieron a Paula a mi derecha, no por delante, y no esperaba que me la dieran por ese lado. Luego me dijeron que es algo normal en las cesáreas, pero yo me imaginaba que nada más nacer me pondrían a mi hija en mis brazos. De cualquier manera, ver a tu hija recién nacida es una sensación impresionante que, sin embargo, hay que ir asimilando poco a poco. Al principio no me podía creer que ese bebé fuera mío.

—Lloraste de emoción a la salida de la clínica.
—El recibimiento de la prensa al salir del hospital fue la ocasión en la que más cercanos y cariñosos sentí a todos esos profesionales que siempre me han seguido y se han interesado por mí. Me emocioné enormemente, y creo que ellos, al verme tan emocionada, también se emocionaron conmigo. Creo que vieron a otra Marta, y, de hecho, ya era otra Marta.

—Descubramos a esa otra Marta a la que te refieres.
—Cuando vi las imágenes de la salida del hospital me puse a llorar, porque yo tampoco me reconocía. Se abrió en mí como una sensibilidad que no estaba presente antes, que yo nunca había percibido en mí hasta ese momento. Una sensibilidad muy especial y muy a flor de piel.

—¿Se trató de un instante o aún perdura?
—Bueno, obviamente, ya he vuelto un poco. No es que haya perdido esa sensibilidad, pero en esos momentos está mucho más patente. El dolor te hace mucho más sensible...

«Va a tener un carácter fuerte»
—¿Has consultado ya a los astros?
—Paula es Leo y, como buena Leo, ya se adivina su carácter. Aunque es una niña muy risueña y muy sonriente, se ve que va a tener un carácter fuerte.

—A alguien habrá salido.
—Jesús y yo tenemos ese carácter, aunque somos muy tranquilos. Mi marido es Acuario y yo Tauro, pero cuando sale el carácter,sale fuerte.

—Una especie de «choque de trenes».
—No me gusta la gente que no tiene cierto carácter. Creo que el carácter es una ayuda y un impulso para conseguir cosas en la vida, como también para definirse y manifestarse.

—Te acordarás ahora de tus padres y de los que seguro bregaron contigo cuando eras pequeña.
—Ahora más que nunca comprendo esas pequeñas pero importantes cosas que mis padres insistieron en hacerme comprender, como la preocupación por mi futuro, mi bienestar. Es increíble cómo, de repente, rebobinas en tu mente y aparecen esas imágenes de tus padres que te encantaría cambiar del pasado, porque de esa forma hubieras evitado muchos disgustos y muchas horas de preocupación. Pero es algo que solamente se entiende cuando se es madre.

—Dicen que un hijo une más.
—Entre Jesús y yo siempre ha habido mucha complicidad, pero ahora además siento que cuento con la seguridad de una protección por su parte hacia nosotras dos.

—Seguro que hasta ya has pensado en el futuro de Paula.
—Ya sé que sonará muy tópico si digo que me gustaría que fuese artista, pero es así. No me desagradaría, porque mi profesión, aunque a veces sea ingrata, es muy bonita. De cualquier forma, prefiero pensar que mi mayor alegría sería que a lo que se dedicase lo hiciese de la mejor manera y con pasión.

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