Igual de agresivo, provocativo, rebelde y contradictorio que el movimiento punk, de mediados de los años setenta, es el que ha vuelto a las pasarelas internacionales de la mano de diseñadores tan influyentes como John Galliano, Karl Lagerferd o Jean-Paul Gaultier. Y lo curioso es que sigue mostrándose tan canalla como el que diseñara Vivienne Westwood en Sex, la tienda de su propiedad, en Londres, donde nació el primer estilo punk que daría la vuelta al mundo de mano de los radicales Sex Pistols y que en España calara de la mano de Alaska y los pegamoides.

A pesar de que ahora los excesos, el inconformismo, las combinaciones imposibles y los adornos múltiples son de diseño -y del más exclusivo, además-, la estética punk sigue fiel al significado de su palabra: "de poca monta", "de pacotilla", una moda sin importancia que intencionadamente deseaba mostrarse terrorífica y cuyo lema era "háztelo tú mismo", del que ahora se han adueñado las grandes firmas de moda que en esta interpretación utilizan tejidos nobles como la seda o la gasa y el cuero y el ante de excelente calidad, algo realmente impensable en su primera época en la que el collar de un perro, un candado o varios imperdibles eran objetos de adorno muy apreciados.

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