Victorio & Lucchino y Larraínzar rinden un homenaje al arte y a la mujer

Los primeros diseñan una colección sofisticada y moderna, mientras que el segundo pone la nota clásica

El desfile de los sevillanos y del madrileño son siempre de los más esperados de la cita madrileña: la pareja de diseñadores andaluces nunca escatima en color, glamour y femineidad, mientras que Larraínzar es un valor seguro con su medido sentido de la elegancia y el buen gusto.

Sobre un escenario decorado con valiosas estatuas y capiteles, Victorio & Lucchino brindaron en esta ocasión una colección unida por un eje: la mujer en el arte.
Corsés, volantes y túnicas drapeadas a la altura del pecho, fueron algunos de los elementos de su colección que más gustaron al público, así como el estampado pañuelo, un clásico olvidado. Los tejidos, principalmente mohair, terciopelo y encaje, siempre evocaban el lujo; y los colores empleados -rojo, naranja, plata o negro-, la plasticidad de los cuadros de los pintores Velázquez, Rothko, Archimboldo o Klimt, nombrados en el desfile por los diseñadores.
Su desfile resultó según algunas voces, muy moderno y sofisticado. Otros, en cambio, opinaban que los andaluces han ofrecido más de lo mismo.

Sobrio y contenido
Javier Larraínzar abrió la edición 23ª de la Pasarela Cibeles con toda una demostración de dominio de la aguja, puesto que sus piezas tenían sabor a Alta Costura -no en vano el joven diseñador fue discípulo de Óscar de la Renta-. Larraínzar sigue apostando por el eterno femenino sin estridencias, tanto para la noche como para el día; su mayor novedad, fueron los materiales, muy ricos, como piel o napa, y brillantes, pues abundaron las lentejuelas.

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