"Blanca y radiante va la novia...". La letra de la canción debe cambiar en este final de milenio: las novias del siglo XXI siguen prefiriendo el blanco, aunque cada vez son más las que eligen otro color que va más allá del llamado "blanco sucio" y del beige; Kuka Gotor, por ejemplo, vestía recientemente a una desposada en un elegantísimo azul claro.

Y ya hay otros diseñadores, que triunfan en este difícil mundo de los trajes de novia sin renunciar al color ni a los vestidos con adornos hasta ahora "prohibidos" en los trajes de estas características. Los diseños de Teresa Palazuelo son un claro ejemplo de esta tendencia. Esta joven creadora mezcla sabiamente plumas, hilo de oro, encaje antiguo y estampados pintados a mano, creando trajes únicos y de impecable factura, en ocasiones con ecos medievales.

Y es que también los trajes de novia acusan el eclecticismo que reina en la moda este temporada. Firmas como Balmain, Scherrer o Dior introducen raso, piel, terciopelo y tonos dorados, verdes, azules, y espectaculares tocados alejados del clásico velo, aunque el resultado en ningún caso se aleja demasiado de la novia tradicional.

Los diseños de Hannibal Laguna son blancos pero muy originales. De inspiración vegetal, los perfiles de los pétalos y las hojas se combinan en cuerpos sencillos y faldas plisadas. Grandes chales envuelven la silueta de la novia, sustituyendo a los tradicionales velos, y los amplios vestidos, irregulares y livianos, describen formas florales. Los tejidos que emplea son lienzo colonial, garza bambú, organza de piña, cáñamo y organdí trébol, que forman la nueva generación de tejidos ya conocida como los "nuevos clásicos".

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