EL DISEÑADOR HUSSEIN CHALAYAN SE VE OBLIGADO A CERRAR SU COMPAÑÍA

El extravagante modisto no ha podido hacer frente a los problemas financieros que venía arrastrando desde hacía tiempo

Sofás transformados en vestidos, mesas convertidas en faldas, y trajes que se confeccionan directamente sobre el cuerpo de las modelos, son algunas de las singulares piezas que pusieron en boca de los aficionados al mundo de la moda el nombre de Hussein Chalayan.

Pero tanta originalidad no ha sido suficiente para sacar a flote su marca. Y es que este diseñador de origen turco, aunque afincado en Londres desde que tenía 12 años, se ha visto obligado a cerrar su compañía por motivos económicos. El extravagante creador, dos veces galardonado como el mejor de su gremio en Reino Unido, debe alrededor de medio millón de dólares a sus proveedores, ante el escaso éxito de ventas de sus colecciones.

A sus 30 años, Hussein Chalayan se había convertido en el máximo exponente de la vanguardia londinense.
Tras cursar estudios en la prestigiosa escuela de moda Saint Martin’s School of Art, el joven artista creaba su primera línea de moda en 1993. Pero su gran oportunidad le llegó dos años más tarde, cuando ganó un concurso patrocinado por Absolut Vodka, y comenzó una carrera ascendente que se consolidó en el momento en que el Britain’s Museum of Costume adquiría un vestido de noche elaborado por él para nombrarlo la mejor pieza del año.

Su concepción arquitectónica y deconstructivista de la moda ha suscitado opiniones encontradas entre los expertos en este campo y la sociedad en general. Una auténtica obra de arte, para unos, una basura pretenciosa, para otros, lo cierto es que sus costuras geométricas, pliegues futuristas y rigidez perfecta han lanzado su obra a nivel internacional, convirtiendo a Chalayan en un reconocido diseñador del momento.

Cabeza creativa en TSE y colaborador de otras firmas como Marks & Spencer, Hussein Chalayan siempre ha llamado la atención en las puestas en escena de sus colecciones, convertidas en auténticos espectáculos ambientados con música en vivo y directo.

Con el cierre de su negocio, se pone en evidencia que la creatividad necesita además un buen soporte económico para hacerla rentable.

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