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De Guillermo I el Conquistador escribió un cronista sajón: "Era suave con los buenos hombres que amaban a Dios y terrible con los que desobedecían su voluntad"

ALFREDO EL GRANDE Y GUILLERMO EL CONQUISTADOR. El Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte tiene sus antecedentes más remotos en la colonización de las islas por el ejército romano. Tropas que fueron evacuadas, varios siglos después, por las tribus anglosajonas, que desembarcan en las islas y sientan los cimientos de lo que sería la nueva Inglaterra... Corre el siglo VI, la centuria en la que se supone la existencia del mítico rey bretón Arturo y de los Caballeros de la Tabla Redonda. De los valientes señores que lucharon contra la invasión anglosajona. La primera Monarquía Especial mención, en este primer apartado de la historia, merece el Rey Egberto, llamado también Alejandro el Grande. El soberano que crea, en 827, la primera monarquía y que esculpe con sus propias manos un nuevo destino para Inglaterra: transformó el ejército, la educación y la justicia, fortificó ciudades, fundó escuelas, construyó una flota, tradujo varias obras del latín y escribió las primeras crónicas en las que se reflejaban los principales acontecimientos de la época... Le siguen Eduardo el Confesor, (1042), y los reyes normandos. Entre ellos, Guillermo I el conquistador, que se apropia de la corona el día de Navidad de 1066 y que hace desarmar ciudades y construir castillos en Londres para acuartelar las tropas reales. De él escribió un cronista sajón: "Era suave con los buenos hombres que amaban a Dios y terrible fuera de todo límite con los que desobedecían su voluntad".


DE RICARDO CORAZÓN DE LEÓN A LOS TUDOR.
Procedente de la nobleza de Francia, de los Anjou-Plantagenet, destacó sobre todos los monarcas británicos Ricardo I Corazón de León (1157-1199), el tercer hijo de Enrique II. Uno de los personajes más fascinantes de la historia universal y un hombre cuya vida se enmarca dentro de la historia y la leyenda. Su mayor ambición, combatir para recuperar Tierra Santa, que estaba en manos del emperador Saladino, le llevó a emprender la Tercera Cruzada en 1190. No sin antes recurrir a su enorme habilidad política y militar para reunir la fortuna necesaria para armar un ejército de 8.000 hombres y una flota de 300 navíos. La empresa fue un fracaso, pero su valor en Tierra Santa le proporcionaría el sobrenombre de Corazón de León. Pasó la mayor parte de su vida fuera de Inglaterra, pero fue considerado como el mejor de los reyes, y pasó a la historia como un héroe legendario.


Ricardo Corazón de León, uno de los personajes más fascinantes de la historia universal, pasó la mayor parte de su vida fuera de Inglaterra, pero fue considerado como el mejor de los reyes

Lancaster y York: la rosa blanca y la rosa roja
Sucedieron a Ricardo Corazón de León en el trono: Enrique II y Enrique III, que sumió al país en la ruina con su sueño de dominar Sicilia y Alemania; Eduardo I, que creó el principado de Gales, cuyo título quedó ligado al heredero de la corona inglesa; Eduardo II y Eduardo III (1337-1453), con el que dio comienzo la Guerra de los Cien años. A la muerte de Ricardo II (1367-1400), se instaura en Inglaterra la casa de Lancaster -en su escudo llevaban una rosa roja-, con Enrique IV, que luchará durante décadas con los York -representados por una rosa blanca-. El pretendiente de los York, Eduardo IV, hace frente a los ejércitos de su rival y, tras vencerle y condenarle a muerte, accede al trono, en 1461.
Una página negra en la historia
Le sucede su hijo Eduardo V (1470-1485) que, cuando sólo es un niño, muere asesinado, junto a su hermano, a manos de su tío paterno, Ricardo III. Después de 30 años de Guerra Civil, Ricardo Plantagenet, duque de York, se hace con la corona y se convierte en Ricardo III… Un monarca que, aunque sólo reinó dos años, protagonizó una de las páginas más negras de la historia de Inglaterra. Un monarca, también que, como narró Shakespeare en La tragedia del rey Ricardo III, pagaría muy cara su maldad cuando Enrique de Tudor desembarca en Gales, y le da muerte en la que fue la batalla definitiva de la Guerra de las Dos Rosas y el inicio de una nueva era, la de los Tudor.

Enrique VIII rompió sus lazos con el papado por amor a Ana Bolena y se proclamó a sí mismo autoridad eclesiástica suprema en Inglaterra

ENRIQUE VIII, FUNDADOR DE LA IGLESIA DE INGLATERRA. (1491-1547) Accedió al trono en 1509, tras la muerte de su padre, Enrique VII, e influyó profundamente en el carácter de la monarquía inglesa. Reinó durante 36 años y sus logros fueron: consolidar la institución monárquica frente a la nobleza, separar el Estado de la Iglesia Romana, anexionar definitivamente el país de Gales a Inglaterra y convertir a ésta en una potencia internacional en cuya corte renacentista eran recibidos los eruditos y los artistas.
Se casó con la viuda de su hermano, Catalina de Aragón, gracias a una dispensa papal -no en vano se le había otorgado el título de defensor de la fe- y fue éste el primero de sus seis matrimonios. Enamorado de Ana Bolena, dama de honor de la Reina, rompió sus lazos con el papado para poder contraer matrimonio con ella y se nombró a sí mismo autoridad eclesiástica suprema en Inglaterra. Tres años después, en 1536, acusó a su esposa de incesto y ordenó su ejecución para casarse con Juana Seymour. No sería la última en morir por ello. Juana falleció al dar a luz a su único hijo varón, Eduardo VI, y Enrique volvió a casarse. Primero, con Ana de Cléves, después, con Catalina Howard -decapitada, también por adulterio- y, por último, con Catalina Parr, la única que le sobrevivió.

 
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