El príncipe Joaquín, acompañado por sus dos hijos, Nicolás y Félix, esperaba junto al altar a su prometida
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Los nuevos esposos protagonizaron una de las imágenes más bellas cuando se fundieron en un romántico beso a la salida del templo

EL 'SÍ QUIERO' DEL PRÍNCIPE JOAQUÍN Y MARIE CAVALLIER

24 MAYO 2008
Los nervios del príncipe Joaquín durante las últimas semanas por su boda con Marie Cavallier anunciaban unos esponsales llenos de emoción y romanticismo. Un enlace real como al que hemos asistido esta tarde en la iglesia de Møgeltønder en la localidad de Tønder, al sur de la península de Jutlandia: con un derroche de lágrimas, miradas y sonrisas entre los novios, ante sus 282 invitados, y con más de una similitud al que protagonizaron allá en mayo de 2004 el príncipe Federico y la princesa Mary.

El sol acompañaba a los novios en una fecha tan especial. Los nervios también, especialmente al príncipe Joaquín, pese a que no era nuevo en las lides matrimoniales -se tratan de unas segundas nupcias para él. No obstante, la felicidad por el gran acontecimiento y una tranquilidad, tal vez, forzada, asomaba a su rostro a su llegada al templo: con el uniforme de gala de infantería, y de la mano de sus dos hijos fruto de su primer matrimonio con la condesa Alejandra, los príncipes Nicolás y Félix. La procesión iba por dentro. Hasta que entusiastas vítores de cientos de daneses llenaron la atmósfera y Marie Cavallier, poco después de casi perder el velo, irrumpió del brazo de su padre, Alain, en la iglesia. La visón de su futura esposa, blanca y radiante, y muy regia -con cierto aire a la princesa Mary-, dirigiéndose hacia el altar bajo los acordes de la marcha nupcial -Sarabande très tendrement, del Concert Royaux (Suite No. 4), de François Couperin-, mudó la sonrisa alegre del novio en lágrimas. Igual que hace cuatro años a su hermano, el príncipe Federico, en su boda. Lágrimas que a él le apodaron el Príncipe llorón. Una vez reunidos, durante la ceremonia religiosa, los ojos del Príncipe ya no volvieron a despegarse de Marie.

El de los novios
El príncipe Joaquín y Marie Cavallier, sentados en dos escabeles bordados por la difunta reina Ingrid, se prodigaron en el transcurso de la ceremonia continuas miradas de complicidad. Durante la homilía del sacerdote, que subrayó que deberán repetirse cada día el de hoy, y durante el rito del matrimonio, cuando el sacerdote se dirigió a los novios para hacerles la pregunta que todo el mundo estaba esperando. Primero al príncipe Joaquín si quería a Marie como esposa. Y después a ella si tomaba al Príncipe como esposo. Tras responder afirmativamente con un Ja/Oui (sí, en danés y francés), claro y alto, e intercambiarse los anillos (alianzas hechas a mano en oro de 18 quilates y, la de ella, con 6 pequeños brillantes repartidos alrededor), el obispo les declaraba, ante Dios, marido y mujer.

Una vez concluida la ceremonia, que no pudo resistir despierto el pequeño príncipe Félix, la señorita Agnete Windfeldt Arnø (amiga de la novia y su dama de honor) se dirigió al altar para ayudar a la novia con la cola. A los acordes del Preludio en E-flat major, de Johann Sebastian Bach, acompañados por los pajes, Malte Steenstrup, de 5 años, hijo de Peter Steenstrup y Henriette Steenstrup (amigos del novio), y Tanguy Peretti, de 8 años, hijo de madame y monsieur Gabriel Peretti (amigos de la novia), abandonaban la catedral. A su salida de la iglesia, Tønder estalló en vítores y felicitaciones, y los recién casados pusieron rumbo al castillo de Schackenborg en un Bugatti tipo 41 prestado por la Donnington Grand Prix Collection con motivo de la boda.


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