"Con Marie me di cuenta de que había encontrado mi futuro. Es la persona que me hace feliz. Sobre todo, porque ha visto otro mundo y me ayuda a comprenderlo. Y por último, pero no menos importante, ha cautivado a mis hijos", afirma el príncipe Joaquín
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"Me sorprendió inmediatamente su franqueza, lo natural que era. Nos dimos cuenta muy rápido de que estaba creciendo una fuerte complicidad entre nosotros. Parecíamos dos almas perdidas en la misma onda que se habían encontrado", dice Marie Cavallier, que el próximo 24 de mayo se convertirá en Alteza Real

JOAQUÍN DE DINAMARCA Y MARIE CAVALLIER HABLAN DE SU HISTORIA DE AMOR

Fueron entrevistados por el príncipe Etienne de Monpezat, tío del novio, en vísperas de anunciarse su compromiso

13 MAYO 2008
El pasado 3 de octubre, la Casa Real danesa anunciaba el compromiso del príncipe Joaquín de Dinamarca y su novia, Marie Cavallier. Sin embargo, antes del comunicado oficial los enamorados ya habían concedido una entrevista al príncipe Etienne de Monpezat, tío paterno del novio, en la que contaban por primera vez cómo se conocieron, cómo nació su amor y cómo éste se fue después afianzando. Reproducimos el contenido más interesante de dicha entrevista, cuando faltan pocos días para que Marie se convierta en Alteza Real, el próximo 24 de mayo:

—¿Cómo conoció al príncipe Joaquín?
—Fue a finales de 2002. Me invitaron a salir de caza en Dinamarca. Alguien me dijo que el Príncipe estaría allí, cosa que me divirtió, pero nada más. Durante la cacería hablamos... en francés, claro. Bromeamos un poco sobre algunas de las personas que había allí.
—No ocurrió nada más —añade el Príncipe—. Desde entonces mantuvimos un contacto intermitente, cada seis meses más o menos, por coincidencia o a través de amigos. Luego, casualmente, nos quedamos sin pareja en la misma época. En 2005 me puse en contacto con ella durante una visita a París. Volvimos a encontrarnos y nos dimos cuenta de que nuestra relación estaba destinada a convertirse en algo más grande.
—¿Por casualidad o por necesidad?
—Un poco por ambas cosas, sin duda —responde Marie—. Yo acababa de regresar a Europa (antes del once de septiembre trabajaba en Nueva York). Recuerdo que pensé: “Quizá sea el destino...”. Aquel momento era una especie de año sabático en el que me preguntaba cuál sería mi nuevo destino. Incluso hoy me sorprende todavía el hecho de que Joaquín entrara en mi vida en ese momento. ¿Cómo pude no darme cuenta de que era una especie de señal o una extraña coincidencia?
—¿Cuál fue la primera impresión que se llevó el uno del otro?
—Me sorprendió inmediatamente su franqueza, lo natural que era. Estas impresiones se confirmaron en nuestros encuentros posteriores. Nos dimos cuenta muy rápido de que estaba creciendo una fuerte complicidad entre nosotros. Parecíamos dos almas perdidas en la misma onda que se habían encontrado.
—Habla usted de sus cualidades innatas, pero la seducción también se basa en la atracción física y el encanto.
—¡Por supuesto! Sólo hace falta mirarle para comprenderlo. Que es guapo es un hecho. En cuanto a su inteligencia, no hace falta mucho tiempo para averiguarlo. Y es buena persona, algo no tan frecuente. Es totalmente sincero. Nunca le he oído hablar mal de nadie ni he oído a nadie decir nada malo de él.
—¿Con el paso de los meses, y ahora de los años, nada cambió?
—Eso es lo que me sorprende —dice Marie—. Me decía a mí misma que estaba enamorada, pero que pronto abriría los ojos y volvería a la tierra. Eso no ha ocurrido. Hoy es como hace tres años. Si no estuviese actuando con naturalidad, lo sabría. A mi familia y amigos, y a todos los que conozco, también les sorprende. Joaquín es alguien que nunca se queja.
—Parece que esté describiendo a un príncipe azul.
—Si existe, ¡lo he encontrado! Amabilidad, sinceridad y sencillez. ¿Acaso se puede pedir más? Y encima es un padre increíble. Nunca he conocido a nadie como él, y, además, me quiere mucho.
—Pero se habló de ciertos altibajos en la relación.
—He tenido momentos de duda. Pero nunca sobre mi amor por él. Me asustaba el tipo de vida al que me veía abocada, muy distinta de la que yo había soñado. Soy una persona independiente, un espíritu libre. El aspecto “oficial” de la vida con él me asustaba. Pero me di cuenta de que nunca encontraría a alguien como él. No puedes dejar pasar oportunidades como ésta. Le quiero, y este amor me ayudará a aceptar todo lo que venga con él. O al menos facilitará las cosas.
—Cuando Marie —comenta el Príncipe— me dijo que no se sentía capaz de llevar este tipo de vida, seguí confiando en nuestro amor. Supongo que es un rasgo de mi personalidad, siempre veo el lado positivo de las cosas. Con Marie me di cuenta de que había encontrado mi futuro. Marie es la persona que me hace feliz. Sobre todo, porque ha visto otro mundo y me ayuda a comprenderlo. Y por último, pero no menos importante, ha cautivado a mis hijos y ha forjado una relación de lo más natural con ellos. Es una oportunidad increíble de la que tal vez dependa mi felicidad, porque nunca podría ser feliz sin eso.
—Yo me sentía igual —afirma Marie—. Quizá porque he vivido lo mismo de pequeña. Siempre he sabido que dependía de mí hacer el esfuerzo. Lo único que quiero es darles amor. Si lo aceptan, mucho mejor. Haré lo que pueda para que eso ocurra. Creo que también fui afortunada al entrar en su vida en el momento adecuado.
—¿Cómo hicieron pública su relación?
—Estábamos de vacaciones en Avignon -comenta el Príncipe- cuando noté que dos turistas estaban mirándome. Supuse que eran daneses. Lo que siguió fue bastante lógico. Se las ingeniaron para fotografiarnos, ¡y las publicaciones se encargaron del resto! Para mí no fue demasiado dramático, estoy acostumbrado, pero puso a Marie en el candelero, y desde entonces se ha visto asediada.
—Fue una época difícil —agrega Marie—. Primero, porque no estaba preparada y no sabía cómo defenderme. Y porque Joaquín estaba en Camboya de visita oficial. Con esa enorme diferencia horaria estaba sola. Mirara donde mirara, me veía en las portadas de las revistas. Esta intrusión repentina me pareció difícil e incómoda, una carga terrible. La idea de nunca volver a ser libre me asustaba, y me sentía abatida, infeliz y desesperada.
—¿Por eso pidió un descanso?
—Aunque estaba segura de mis sentimientos, tenía miedo de no estar a la altura de las expectativas. Sólo estaba segura de que no podía permitirme no estar segura de mí misma. Joaquín es demasiado bueno para eso, y habría sido un error traicionarle no tomándome un tiempo para pensármelo.
—¿Qué la hizo sentirse segura y le hizo cambiar de idea?
—Primero, el hecho de sentirme muy desdichada sin él. Y segundo, Joaquín. Él me entendía. ¡En aquel momento me presentó a Dinamarca y a su familia! Aún no estábamos comprometidos formalmente. Joaquín quería familiarizarse con todos los aspectos del “problema”.
—¿Y qué ocurrió?
—Lo contrario de lo que había imaginado. Donde pensaba que encontraría obstáculos, descubrí a gente acogedora, amable y abierta. Y su familia son seres humanos cálidos y sinceros. Espontáneos y afectuosos, muy alejados de la excesiva formalidad que esperaba...
—¿Así que cambió de idea en ese momento?
—¡No fue de la noche a la mañana! Fue tranquilizador. Pero seguía preocupada por sentirme espiada continuamente.
—¿Cómo se ha tomado su familia “la noticia” de que Joaquín sea parte de su vida?
—Al principio mi padre estaba un poco preocupado, pero se tranquilizó al conocerle.
—¿Cómo vivió el período entre la petición de mano y el anuncio oficial del compromiso?
—Me sentía exaltada y cautelosa a la vez. Cuando los medios se acostumbraron a fotografiarnos, empezaron a hacer circular rumores falsos sobre supuestas fechas secretas para nuestra boda.
—¿Cómo fue la ceremonia para presentarla en palacio?
—No hubo presentación formal. Sólo una comida sencilla “para conocer a la familia”, como dijo Joaquín para tranquilizarme y evitar nada que fuese demasiado oficial.
—Así que ahora se va a “hacer danesa”. ¿Tiene algún reparo sobre este nuevo “aprendizaje”?
—No desde el punto de vista cultural, porque me encanta descubrir cosas nuevas. Pero sé que no va a ser fácil...
—¿Y el idioma?
—Sé que es difícil. Sólo voy a tener que escuchar a los daneses hablar todo el tiempo. Esa será la manera más rápida de aprender.
—¿Y la religión?
—La Constitución danesa afirma que cualquiera que acceda al Trono ha de ser luterano. Como soy católica, tendré que convertirme.
—¿Y los niños? ¿Han tomado alguna decisión?
—Sí, ambos queremos tener hijos... ¡juntos!
—Como yo ya tengo dos—interviene el Príncipe—, es natural que me haya planteado: “¿Quiero más?”. Pero no tengo duda de la respuesta: un hijo es el producto de tu amor hacia alguien. Creo que si no hubiera querido hijos con Marie sería preocupante.
—¿Tiene planes de seguir trabajando, Marie?
—No de inmediato. Tengo demasiadas cosas que hacer y aprender. Creo que nos llevará mucho tiempo. Y probablemente convertirme en danesa sea un trabajo a tiempo completo. Además, pienso que ser capaz de dedicar todo tu tiempo a educar a tus hijos es un sueño para toda madre.


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