La princesa Mette-Marit corrió acompañada por su amiga Kristin Rosenløw Eeg y completó los diez kilómetros de maratón en 1 hora, 19 minutos y 04 segundos
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Los pequeños príncipes Ingrid y Sverre, que animaron fervientemente a su madre, la princesa Mette-Marit, durante los diez kilómetros de la prueba, corrieron a sus brazos a su llegada a meta

METTE-MARIT DE NORUEGA, UNA PRINCESA A LA CARRERA

A su llegada a meta, la Heredera recibió como premio el abrazo de sus hijos pequeños, los príncipes Ingrid y Sverre

30 SEPTIEMBRE 2008
No es que la apretada agenda de Mette-Marit de Noruega la obligue a ir corriendo a todos lados, que seguro que también, sino que la Princesa se echó literalmente a la carrera. Y es que la esposa del príncipe Haakon participó el pasado domingo en el popular Maratón de Oslo, junto a más de 5.000 personas, aunque ella sólo corrió los primeros diez kilómetros de la prueba. Al igual que otras personalidades noruegas, la princesa Mette-Marit acudió invitada por la organización benéfica Right to play, una ONG que financia proyectos relacionados con la salud y con el deporte en países del Tercer Mundo.

Medalla y abrazos
La Heredera se enfundó una sudadera de color rojo y una camiseta blanca en la que aparecía impreso el eslogan Activo contra el cáncer -su padre, Sven O. Høiby, murió de esa enfermedad hace año y medio-, unos pantalones ajustados de lycra de color negro y unas deportivas. A la completa equipación de la Princesa se unieron los buenos resultados: según el diario noruego Nettavisen, Mette-Marit corrió acompañada por su amiga Kristin Rosenløw Eeg y completó los diez kilómetros en 1 hora, 19 minutos y 04 segundos.

Al cruzar la meta, recibió una medalla de manos del alcalde de Oslo, Fabian Stang, y de la maratoniana retirada Grete Waitz, medalla de plata en esa misma especialidad en Los Ángeles 84, y sendos abrazos de sus hijos pequeños, los príncipes Ingrid y Sverre. Los pequeños, que animaron fervientemente a la Princesa durante los diez kilómetros de la prueba, corrieron a sus brazos a su término. No hay esfuerzo sin una dulce recompensa.


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