Como es tradición en la Familia Real noruega, el segundo hijo de los príncipes Haakon y Mette-Marit también recibió sólo dos nombres: Sverre Magnus
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Durante la ceremonia, la princesa Mette-Marit, que lució para la ocasión un sencillo traje negro con solapas vueltas de color beige y, como complemento, un lazo negro en el pelo a modo de diadema, leyó el Evangelio según San Mateo



4 MARZO 2006
Llanto que no cesa
La música vocal, interpretada por la solista Kari Bremnes, uno de los elementos protagonistas de la ceremonia, no logró acallar el inconsolable llanto del príncipe Sverre, que sólo cedió en momentos muy puntuales, bien cuando éste jugueteaba con su faldón de cristianar; bien cuando, tal vez por hambre, se mordisqueaba el bracito, o bien cuando su padre, el príncipe Haakon, lo puso boca abajo. Algunos medios de comunicación han atribuido la constante agitación del pequeño a posibles molestias, tal vez resquicios de las dolencias por las que fue hospitalizado hace semanas -primero por problemas intestinales y riesgo de deshidratación y después, a causa de una infección en las vías respiratorias-.

La misión imposible de calmar al pequeño corrió a cargo, indistintamente, del príncipe Haakon y la princesa Mette-Marit, que se turnaron a la hora de acunarle en sus brazos mientras el otro, eso sí, no perdía de vista a la princesa Ingrid Alejandra, que tras haber examinado, como una mayor más, el programa de bautismo de su hermano perfectamente acomodada en su pequeño asiento, preferió levantarse y sentarse en el suelo para mirar a los invitados en lugar de estar atenta al transcurso de la ceremonia. Así, mientras el príncipe Haakon se quedaba con el pequeño, la princesa Mette-Marit leía el Evangelio según San Mateo, entre continuos vistazos a su hija, que divertida trataba de llamar su atención. También estuvieron inquietas durante la cereminia las primas de la pequeña, Maud Angélica y Leah Isadora, hijas de la princesa Marta Luisa, que combatieron el aburrimiento jugando a quitarle la pamela a su madre.

La rueda de las velas
Durante el sermón, el obispo de Oslo, Ole Christian Kvarme, manifestó que “el bautizo de un Príncipe une a todo el pueblo en torno a la Familia Real; todos los ciudadanos desean felicidad y dan gracias a Dios por la esperanza que representa el pequeño”. Asimismo, recordó que las primeras imágenes del Príncipe mostraban “un recién nacido de ojos despiertos y mirada abierta” y añadió “es conmovedor ver la mirada expectante de un recién nacido. Qué verán y vivirán esos ojos en los días por venir...”. Los de la princesa Mette-Marit se posaron, entonces, en su hijo mayor, Marius, que parecía algo aburrido, y le cogió de la mano. Un detalle más de las numerosas muestras de cariño que los Príncipes noruegos prodigaron a sus hijos.

Prohibida su reproducción total o parcial. ©2008 Hola, S.A.

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