Roberto García se despidió de su novia, Erika Ortiz, en el cementerio de La Paz

Al parecer, fue él quién la halló sin vida en su casa de Valdebernardo

Llegó en la comitiva que encabezaba el coche con los príncipes de Asturias y Paloma Rocasolano. Roberto García, el novio de Erika Ortiz, entraba en la pequeña capilla del cementerio de La Paz de Madrid a continuación de Antonio Vigo, padre de Carla, la única hija de la hermana menor de la Princesa de Asturias. Roberto no podía contener las lágrimas al bajar del coche. En todo momento, se apoyó en un señor al que se desconoce. Su presencia pasó inadvertida en un primer momento ya que toda la atención se había centrado en los Príncipes de Asturias y Paloma Rocasolano, madre de doña Letizia.

Discreto y siempre en un segundo plano, intentó confundirse entre los pocos asistentes al responso oficiado por Serafín Sedano, capellán del palacio de La Zarzuela. Roberto y Erika habían iniciado su relación a principios del pasada verano, dos meses después de que ella se separara de Antonio Vigo. Se habían conocido en la productora de televisión en la que ambos trabajaban, ella como diseñadora gráfica y decoradora de escena y él como iluminador. En las escasas imágenes que hay de ellos juntos, se les veía juntos felices y enamorados, paseando de la mano, sonrientes y abrazándose como cualquier pareja que vive un momento feliz. Nada hacía presagiar este triste final. Al parecer, fue Roberto quién encontró el cuerpo sin vida de Erika. Se extrañó de que no respondiera a sus llamadas y abrió con su propia llave la puerta del piso de Valdebernardo en el que vivían Erika y Carla. Roberto llamó a los servicios de urgencia y los padres de su novia en cuanto vio la situación en la que se hallaba Erika.

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