Adiós a Erika Ortiz, la hermana más desconocida de doña Letizia

Ha fallecido a los treinta y un años en su domicilio de Madrid, el que fue piso de soltera de la Princesa de Asturias

Erika Ortiz, la menor de las tres hijas de Jesús Ortiz y Paloma Ortiz-Rocasolano, nació en 1975 en Oviedo. Su infancia transcurrió en Asturias y siempre muy paralela a la de sus hermanas. Las tres fueron al mismo colegio, el Gesta, de Oviedo y las tres acudían tras las lecciones escolares a dar clases de ballet en la academia de Marisa Fanjul.

Jesús Ortiz y Paloma Rocasolano se casaron en septiembre de 1971, en el Registro Civil de Oviedo consta que él era entonces estudiante mientras en la profesión de ella se especificaba asistente técnico sanitario. Hasta los doce años, Erika vivió en Asturias, muy unida a sus abuelos paternos, Menchu Álvarez del Valle y José Luis Ortiz. Con el traslado laboral del padre de Erika a Madrid, comenzó el cambio de vida en la familia.

Erika, como sus hermanas, estudió en el instituto madrileño Ramiro de Maetzu. En verano acudía a Asturias y en la capital encontró el apoyo de sus abuelos maternos, Francisco Rocasolano, entonces taxista de profesión, y su mujer, Enriqueta Rodríguez. Cuando le llegó el turno de elegir sus estudios universitarios, cursó Bellas Artes y fue en la Facultad donde conoció a Antonio Vigo, a quién estuvo unida durante seis años y con quién tuvo a su hija Carla, de cinco años.

La separación de sus padres
Sin duda un momento difícil en su vida, fue la separación de sus padres. Ocurría en 1999, viviendo ya en Madrid, y poco después ella comenzaba a salir con Antonio. Su relación, que empezó siendo ambos estudiantes universitarios, terminó en mayo del pasado año. Erika vivía, entonces, con su madre en Moratalaz, y estaba a la espera de que le fuera concedida la beca Erasmus para Alemania, consiguió la beca y prosiguió sus estudios en el citado país europeo manteniendo el noviazgo en la distancia.

De hecho, fue poco después de regresar a España, en el año 1999, cuando se quedó embarazada. El nacimiento de la pequeña Carla que llega al mundo con dos meses de antelación -nació por cesárea en un hospital de Madrid en el verano del año 2000- obliga a la familia Ortiz Rocasolano a cambiar sus planes de verano, y a que Paloma, de vacaciones en Tenerife con su hija Telma, regresara a Madrid de inmediato para estar junto a la más pequeña. Erika que pasa entonces por la dolorosa experiencia de tener que separarse de su hija recién nacida durante las dos o tres semanas que ésta pasa en una incubadora para ganar peso, recibe en todo momento el cariño y el apoyo de los suyos.

El último año
Son tiempos difíciles para esta pareja que no termina de encontrar trabajo. Por ello, y aún no habiendo cumplido Carla su primer año de vida, Erika y Antonio, toman la determinación de trasladarse a Oviedo a la búsqueda de una mejor oportunidad. La aventura no salió bien y regresaron a Madrid. Cuando se anunció el compromiso matrimonial de los Príncipes de Asturias, ella trabajaba como vendedora a domicilio de una editorial. Después, fue la directora de comunicación de la editorial Franco María Ricci pero nunca se encontró cómoda estando de cara a los medios dada la nueva situación familiar.

En mayo del año pasado, Erika se separaba de Antonio Vigo. Con la misma discreción con la que siempre ha actuado, evitó pronunciarse sobre su decisión y las causas. Para entonces, había encontrado un nuevo trabajo en el que se sentía más a gusto. Era interiorista y preparaba los decorados en la productora de televisión Globomedia, continuaba viviendo en la casa que fue el piso de soltera de su hermana mayor y estaba feliz junto a su hija. En los últimos meses, pidió una baja por estrés y ansiedad de la que parecía recuperada. De hecho, se le volvía ver a sonreír junto a un joven cámara de televisión y esta semana había recibido el alta de su médico de cabecera.

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