La catedral de La Almudena se vistió de luto para dar el último adiós a Rocío Jurado. Miles de personas se agolparon en las inmediaciones para mostrar, así, que no olvidan a quien fue "la más grande". Hubo aplausos de respeto y aliento a la familia por parte de cientos de ciudadanos anónimos. Cuarenta y cinco minutos antes de que comenzara la ceremonia religiosa, la familia al completo ya se encontraba en la capilla. José Ortega Cano, junto a su madre, doña Juana, Rocío Carrasco y Fidel Albiac, sentados en primera fila. Amador Mohedano, en pie, se mostraba abatido, pero trataba de atender a los familiares y amigos que iban entrando al templo y les querían dar apoyo y calor en un momento tan delicado. De riguroso luto, con el gesto circunspecto, agradecidos con todos aquellos que han querido dar muestras de respeto a Rocío Jurado, esperaban a las ocho de la tarde, hora a la que dio comienzo el funeral.

"No podía faltar", dijo Cuqui Fierro (recién operada de la espalda y muy emocionada); Remedios Cervantes (a la que la pérdida de Rocío la ha sumido en una profunda tristeza); la cantante Malu, Natalia Figueroa y Terelu Campos (que declinó hacer declaraciones porque se encontraba muy triste) y un largo etcétera de amigos que sabían que hoy debían estar ahí.

"Es lo que Rocío querría"
Rosa Benito, la esposa de Amador Mohedano, llegó acompañada por sus tres hijos, Rosario, Fernando y Salvador. Recibieron aplausos. Un funeral de este calibre (con el sabor popular y la ventana mediática abierta para todos los ciudadanos) "es lo que Rocío querría". "Venimos a acompañar a la familia", dijo Natalia Figueroa. Y Massiel que remarcó la importancia para la familia del "apoyo del pueblo español". Otra buena amiga fue Sara Montiel, que recordó con cariño no sólo a Rocío Jurado, también a Rocío Dúrcal: "He perdido a dos amigas mías, las dos artistas maravillosas. Nadie cantará fandangos de Huelva como Rocío Jurado". Palomo Linares y Marina Danko, muy emocionados, quisieron entrar cuanto antes para saludar a la familia.

Las lágrimas de Rocío Carrasco
Cuando dio comienzo el funeral, se hizo el silencio. Durante la homilía, el oficiante de esta Misa de Difuntos recordó que Rocío Jurado, al fin, ya se habría encontrado "en todo su esplendor" con su querida Virgen de Regla. El dolor, sin embargo, se reflejaba en el rostro de Rocío Carrasco. En más de una ocasión, la joven trataba de secar sus lágrimas con las manos, pero eran inevitables. Sin embargo, algo muy importante se vivió en esta Misa de Difuntos: toda la familia permaneció unida, apoyándose unos a otros. Centrando su corazón en la ausencia de Rocío.

El pésame
Después de la ceremonia, cálida y emotiva, el oficiante anunció que la familia había pedido expresamente no recibir el pésame. Muy agradecidos con la presencia de tantos amigos, prefirieron abandonar la catedral todos juntos. A la salida, cientos de personas querían brindarles su cariño. Con emociones desbordadas, Rocío Carrasco recibió, ya fuera del templo, el calor y el cariño de los amigos más íntimos. La familia salió por la puerta principal de la catedral de La Almudena. La primera en hablar muy Rocío Carrasco que pronunció tres palabras: "Muy agradecidos todos". Ortega Cano, haciendo alarde de "torería", pronunció un "gracias" que partía la tarde con la tristeza que emanaba. "Muy triste y emocionado. Echo mucho de menos a mi mujer. Cambiaba todo esto con tal de que ella estuviera a mi lado". Al final, Ortega Cano hizo una auténtica declaración de amor: "Ella era muy partidaria mía y yo de ella". Después, se quedó en silencio.

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