Voz, rostro y temperamento. Todo brillaba ante el poderío de una mujer que construyó su carrera a golpe de trabajo. Infatigable y entregada a un público que la sigue. Desde niña, cuando dejó los estudios para aprender costura en un taller de su Chipiona natal, Rocío Mohedano Jurado fue sido una trabajadora incansable. Tocada por la varita mágica de la pasión, aquella niña se hizo estrella sobre los escenarios que se llenaban con cada gesto de aquella mujer temperamental. Casada, primero con el querido Pedro Carrasco y luego con el respetado José Ortega Cano, su familia, junto con el trabajo, hicieron fuerte a una cantante con alas en la voz.

De Chipiona al mundo
En los años sesenta, la más grande se dio a conocer por sus intervenciones en el cine. Con Manolo Escobar de galán, en películas como Los guerrilleros, Rocío Jurado compatibilizó celuloide y escenarios en un viaje sin retorno hacia la fama. A finales de la década de los sesenta fue nombrada Lady España y Lady Europa, todo un honor para una estrella que viajaba sin descanso por ese mundo que aún tenía que rendirse a su fuerza.

Cuando el amor la llamó, y cómo no si sus grandes temas iban indisolublemente unidos a los sentimientos, ella estaba preparada. Pedro Carrasco, campeón mundial de boxeo, le dio durante años el cariño y compresión que ella necesitaba. Además, tuvieron el mayor regalo al que una pareja puede aspirar: el nacimiento de su hija, Rocío Carrasco el 29 de abril de 1977. Pero el amor se les rompió de tanto usarlo. La separación fue un hecho... Sin embargo, lograron alejarse de la polémica y los reproches cruzados. Él se portó como un señor y ella como una señora. Todo por su hija y ese afecto que se guarda cuando todo parece perdido.

Y llega José Ortega Cano
En el año 1992, los ojos de Rocío volvieron a brillar de pasión y ganas de vivir la vida con la intensidad que requiere su carácter. Se había enamorado. Y esta vez de un matador de toros: José Ortega Cano que se entregó a la mujer, a la estrella de manera incondicional.La felicidad de la pareja se colmó cuando ampliaron la familia. A su hogar llegaron Gloria Camila y José Fernando, que junto con sus nietos, Ro y David, llenaron la casa familiar de risas infantiles. El destino quiso que su dicha acabara mucho antes de lo previsto. En junio del 2004, le fue detectado un cáncer de páncreas a la cantante. Ella, más luchadora y valiente que nunca, plantó cara a la enfermedad con el apoyo constante de su familia y su gran fé. Su marido se convirtió en el apoyo que nunca le faltaba.

La lucha contra la enfermedad
El torero lo dejó todo por estar junto a Rocío y ha sido su aliento en estos duros meses.

La ha acompañado en todos sus viajes a Houston sacando ánimos cuando incluso le faltaban. Ha sido un año y siete meses de lucha constante.

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