Eugenia Martínez de Irujo y Gonzalo Miró son una pareja bien avenida. En los placeres -sus viajes sin fronteras- y, ahora, tras su aparición estelar en la capital aragonesa, en los trabajos. Y es que, como las grandes estrellas (cronometrado cada gesto, estudiado cada detalle de la indumentaria) llegaron a Zaragoza y "besaron el santo" o, al menos, el baño de multitudes que aguardaban en las inmediaciones de este nuevo espacio comercial (más de 2.000 metros cuadrados diseñados por el arquitecto José María Ruiz de Temiño). No era para menos el revuelo informativo generado: se trataba de la primera ocasión (en casi un año de amor) en la que la pareja posaba por primera vez juntos en un evento puramente promocional. En este caso, la firma Porcelanosa fue quien les contrató, porque supo (no era difícil) que su sola presencia iba a provocar mucho de qué hablar. Y, en temas de publicidad, de eso se trata.

A la espera de la nulidad
Más allá de la inauguración de la tienda (que contó, además, con la presencia de personalidades de Zaragoza, entre las que se pudo ver al alcalde de la ciudad, Juan Alberto Belloch, y su esposa, Mari Cruz Soriano), había otros temas candentes para los periodistas. Pocos días antes, la prensa se había despertado con una noticia que hablaba de cómo borrar el ayer y cómo caminar hacia el futuro. Al parecer, y así lo confirmó, Eugenia Martínez de Irujo había pedido la nulidad de su matrimonio con Francisco Rivera. Y, claro, si se solicita una nulidad es porque, tal vez, se barrunta boda. La Duquesa de Montoro y el flamante hijo de Pilar Miró contestaron amables las preguntas de los reporteros. Pero, al parecer, como se evidenció por las claras (y altas) palabras de Gonzalo Miró, de boda religiosa, nada de nada. Lo dijo categórico: "Ni estoy bautizado ni tengo relación alguna con la Iglesia". Sin embargo, la vida, la suya, sigue y, ciñéndonos a los gestos, arrumacos, sonrisas y miradas que traspasaban pupilas de uno y otro, el amor continúa vigente entre ellos.

Isabel Sartorius, la otra madrina
No estuvo sola "la pareja del año". Isabel Sartorius, especialista en estas lides, modelo de elegancia, saber estar, y maneras amables, con su sonrisa dispuesta a diestra y siniestra, dio una nota de color a la sobriedad negra que elegida por Eugenia y Gonzalo. Ella optó por un rojo de Javier Larraínzar (la Duquesa de Montoro acudió en negro, con aire ibicenco, de Roberto Torretta). Los medios gráficos estuvieron encantados con tanto, y tan bueno, allí congregados, unidos, juntos, brindando por una nueva tienda. Brindando, tal vez, por la bendición de estar juntos, y trabajar juntos... y mantenerse unidos, a pesar de las distancias, desde hace ya un año.

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