Francisco Rivera y Eugenia Martínez de Irujo: el desenlace

Pero fue una separación atípica: sin papeles. No estaban juntos de hecho, pero sí de derecho. Empezó entonces una sucesión de acercamientos y alejamientos, de reconciliaciones que terminaban siempre con una nueva separación. O lo que es lo mismo, como el rosario de la aurora. Sin embargo, perseverantes, lo volvían a intentar. Pero el principio del fin no llegó hasta hace dos veranos.

Murió la madre del torero, Carmina Ordóñez, y Eugenia quiso estar a su lado. Pero ya en el tanatorio se dio cuenta de que las cosas no cuadraban. En aquel momento tan delicado para Francisco, se dio cuenta de que ella no era más que una convidada de piedra y que su «lugar» ya estaba ocupado..Pero no fue el hecho de que fuera sustituida lo que hizo que ardiera Troya, sino el por quién lo fue. Carla Goyanes, perteneciente a su círculo íntimo, estaba más unida a Francisco de lo que se considera políticamente correcto en los lazos de amistad. La duquesa de Montoro lo consideró una traición en toda regla, pero sólo sería la primera. Mientras que lo de Carla y Francisco duró lo que un suspiro, Eugenia inició otra microhistoria con Nicolás Vallejo-Nágera. Entonces, el diestro se encontró en el epicentro de una tormenta mediática, con la marea negra que arrastró la muerte de su madre y el revuelo que generó su efímera relación con Carla. Todo el mundo tenía algo que decir. Todos menos él, que permaneció callado viendo cómo su mundo se desmoronaba: sin su madre, sin su esposa, sin su novia y sin su «otra familia», los Goyanes-Lapique.

Pero la historia entre Eugenia y Colate no llegó a mayores. Y de nuevo, Fran y Eugenia volvieron a entonar la misma cantinela del «ni contigo ni sin ti». Así hasta que llegó Gonzalo Miró. Se cruzó en la vida de Eugenia por casualidad, y de ahí ya no ha salido. El hijo de la recordada cineasta le devolvió la sonrisa a la duquesa de Montoro en un verano difícil de olvidar. Más tarde, Francisco comenzó una relación con Blanca Martínez de Irujo. De nuevo, Eugenia se sintió víctima de una traición. Pero para ella fue más dolorosa la de su prima que la de su ex marido. Y ahí se finiquitó todo. El suyo fue un adiós arrebatado. Una cadena de acción-reacción: que la hija de la duquesa de Alba estaba con Gonzalo Miró, pues Francisco Rivera pedía el divorcio; que el torero comenzó su historia de amor con Blanca Martínez de Irujo, pues la duquesa de Montoro pedía la nulidad.

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