No les tembló el pulso a los fotógrafos a la hora de tomar una de las imágenes más esperadas de los últimos tiempos: Isabel Preysler y Anna Kournikova, juntas, en un acto público, la inauguración de una tienda de Porcelanosa en la zona comercial de Sedaví (Valencia). Pero los profesionales de la cámara tampoco lo tuvieron difícil en exceso a la hora de captar la belleza de ambas protagonistas. Dos mujeres que saben que en la aparente sencillez se esconde el secreto del buen gusto. Isabel Preysler (¿y cuál es la fórmula mágica para conservar, o más, multiplicar su belleza a través de los años?) eligió para la ocasión una falda de Dolce&Gabbana, acompañado por cinturón y top de Valentino, y sandalias de Óscar de la Renta. Por su parte, Anna Kournikova optó por un vestido de Stella McCartney. Y ambas lucieron espectaculares escotes. El negro (la sobriedad) fue el rey de su indumentaria.

'No quiero ser una suegra pesada'
La novia de Enrique Iglesias, y su habitual sonrisa, conquistó a los presentes. En inglés, eso sí. Sobre un posible enlace, negó por el momento. Siguen sin planes. Pero Isabel Preysler estaba al quite: "Para mí como si estuvieran casados, porque llevan mucho tiempo juntos". Después, todo fueron halagos para la rusa que conquistó a su hijo. Hizo hincapié en su belleza, aunque no se quedó corta en valorar otras virtudes de la tenista que, a buen seguro, han sido las artífices del corazón rendido de su hijo: "Su alegría y su buen carácter". También se mostró contenta por cómo ve a su hijo: "Como madre me encanta que mis hijos sean felices. Siempre respeto las decisiones que tomen. Lo que no quiero ser es una suegra pesada". En absoluto. Más que suegra y nuera parecían dos buenas amigas, cómplices unidas por el cariño a Enrique Iglesias. ¿Y qué fue lo que convenció a Kournikova de que Enrique era el hombre que la acompañaría por el periplo de vida grata? "La pasión que pone en todo lo que hace. Además, es divertido y sexy. Tiene alma y corazón". Así, entre una y otra, convirtieron la inauguración de una tienda en un puro caramelo a saborear por los más curiosos. Con constantes signos de complicidad y evidente apueseta, de ambas, por la elegancia. Por la noche, aún quedaban ganas de fiesta. El L'Hemisfèric acogió a más de 1.000 personas y un espectáculo rubricado por el bailarín Igor Yebra (esposo de Anne Igartiburu). Levante, más allá de las fallas, volvió a vivir festiva una noche mágica.

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