El torero Oscar Higares y Sandra Álvarez esperan su segundo hijo para este verano

—¿Os cambió mucho lo que había sido vuestra vida hasta ese momento?
Sí —continúa Sandra—. Es verdad que los hijos cambian tu vida por completo. Yo lo veía en mis amigas y en mis hermanas, pero hasta que no te toca a ti no sabes realmente cómo afecta a toda tu vida. Tienes que estar muy seguro de querer tenerlos, tienen que gustarte mucho, porque todas tus prioridades se desplazan, porque tu hijo es lo primero. Y no lo cambias por nada, por supuesto, pero hay que reconocer que ser padres es una tarea complicada.
—¿Os gustaría tener más hijos en un futuro próximo?
¡Nos encantaría! Los dos somos muy de familia. Mis embarazos son óptimos de momento. India es una niña que es un amor, super tranquila, que come y duerme a sus horas, sin dar ningún problema... Si esto va a ser siempre así —dice riendo—, quiero familia numerosa. —Hoy en día —interviene Oscar—, es difícil mantener una familia numerosa, pero, si podemos, según vayan viniendo las cosas, nosotros, encantados...
—¿Sientes que te haya hecho cambiar de algún modo?
Desde luego, hay un antes y un después de mí desde que nació mi hija. He aprendido, sobre todo, a respetar y a valorar todo lo de antes; a mis padres, más que a nada, y a los de Sandra. Oscar es un padrazo —interrumpe Sandra—. Oscar ha colmado todas mis expectativas, y te lo digo de corazón, no es por dejarle bien. El se dedica a la niña exactamente igual que yo. —Para mí es una cosa normal —dice Oscar—. ¿Por qué tiene que ser el padre diferente a la madre? Yo no he entendido nunca eso de que los niños sean de la madre. Yo no he querido perderme un instante de la vida de mi hija.
—Tú le viste nacer... ¿Dirías que fue el instante más emocionante de tu vida?
Pues, la verdad.... El momento más alucinante para mí fue la primera ecografía de Sandra. —Sí —dice Sandra—. Te dicen que estás embarazada, pero realmente no te haces mucho a la idea... Pero cuando fuimos a esa ecografía fue... Bueno, que cuando salimos me harté de llorar —dice riendo—. Y Oscar igual... —Claro que luego el parto fue muy emocionante. Ver que nace tu hija, que se la llevan, que la limpian, que te la traen... —cuenta Oscar con la misma emoción como si hubiera sido ayer—. Fue precioso.
—Sandra, ¿aún lo pasas mal cuando vas a la plaza a ver a Oscar torear, o eso ya es prueba superada?
No, lo paso muy mal. La gente que se sienta a mi lado lo sabe. Apenas hablo nada... Es como ver una película de miedo; es muy emocionante, pero no me acostumbro.
—¿Y la opción de quedarte en casa?
Prefiero estar en la plaza con él y verle torear. También son muchas emociones muy bonitas, que compartimos los dos. Por ejemplo, ver a Oscar salir de las Ventas por la puerta grande... Son momentos que nunca olvidaré y que no hubiera querido perderme por nada del mundo.
—¿Y qué me dices del momento en que ves que al amor de tu vida se le lleva un toro por delante?
¡Uf! —asiente con la cabeza—, he estado presente en casi todas las cogidas de Oscar, y precisamente no en la peor, que fue en Pamplona. Estaba viéndole por televisión y se me paró el mundo...

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