—¿Qué esperas encontrar en Argentina?
—No espero que me dé nada. Se cumple una etapa; siempre dije que a los cincuenta me iría. Es como volver con la gente marchita. Significa volver a empezar y que nadie me pregunte por nadie.
—Supongo que tu marcha no estará relacionada con la aparición de «El Junco», que ha revolucionado a la familia en estos últimos meses.
—No tiene nada que ver, aunque si ha acelerado mi decisión. Todo esto me dio a entender que se cumplió una etapa entre la familia Flores y Guillermo Furiase. No puedo seguir siendo el eterno ex. Quizá pueda huir de eso. Quiero recuperar un nombre, un apellido, una familia. Sé que mi decisión es acertada.
—Tú hablaste de «El Junco» y tal vez en el entorno familiar no gustó que te pronunciases.
—Si en veintitrés años era la primera vez que hablaba en un programa de televisión y no le gustó a alguien, como así me consta, no tiene nada que ver con mi decisión de irme. Es la primera vez que intento defenderme de algo. Me llamaron ladrón, traidor, vago… Si decidí hablar es porque hablaron de mí.
—¿Realmente crees que Guillermo Furiase no tiene identidad en nuestro país?
—No, claro que no. Sólo para mis amigos, pero para todos los demás soy el ex.
—No te gusta que te vinculen constantemente con la familia Flores, pero has ejercido de portavoz de la misma.
—Nunca he sido portavoz de nadie. Simplemente soy de la familia Flores cuando tengo que serlo. Yo no pertenezco a la familia Flores desde hace diez años.
—¿Te ha molestado que no te hayan dado tu sitio?
—He echado de menos que no me defendieran. He necesitado que a veces alguien de la familia saliera y dijera que en esto no tiene nada que ver Guillermo Furiase. Cada uno toma la decisión que quiere, pero llevo veintitrés años defendiendo a una familia que he querido muchísimo.
—Ellas han optado por el silencio. ¿Compartes esta postura?
—No. Lo he expresado en algunos momentos. El silencio a veces otorga. Hablé con ella y le dije: «Tú eres la única que lo puedes parar». Y me contestó: «Yo estoy poniendo denuncias».
—¿Qué tipo de relación mantienes con la familia Flores?
—Con Lolita es con la única que tengo buena relación; con los demás prácticamente no les veo.
—En definitiva, ¿cuál es tu estado actual?
—De mucha intriga, mucha pena. He estado mal, muy mal; me he apoyado en mi hermana, que está peor que yo, porque tiene cáncer. Veo muy poco a mis hijos, y a partir de ahora, más. Al menos voy a intentar dejarles un futuro excelente.

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